martes, 16 de septiembre de 2014

Valor de miedo ( 2 min.)

 Valor de miedo ( 2 min.)

Juan B. Lorenzo de Membiela

Todo lo importante que sucede en la vida es inesperado porque actuamos como si nada inesperado debiera suceder nunca (Morin, 2008:117). La incertidumbre es algo nuestro, propiamente humano, desde siempre. Hemos evolucionado bajo un caos impuesto por la impredecibilidad de la naturaleza y el tiempo que nos es imposible explorar, sea por  el teorema de Gödel que demuestra matemáticamente  que  nuestro conocimiento está  limitado por principio; sea por el « principio de indeterminación »  de Heisenberg, que prueba la existencia de límites absolutos a la precisión de la medida.

Ante ello, desarrollamos   estrategias para sobrevivir, entre algunas, las emociones y, dentro de ellas, las llamadas « básicas »: el miedo y el temor. Las compartimos con otros animales, su constitución está genéticamente estructurada desplegando mecanismos de alarma o de protección en caso de peligro inminente y ante la simple posibilidad (Vass, 2002:56).

Es Jakob Burckhardt en su lección « Suerte y desgracia en la historia mundial », quien declara   « que la historia natural presenta (…) una lucha angustiosa por la existencia; (…) desde el origen de los pueblos y de la historia humana ». Pero no solamente es algo antiguo, está vigente porque obliga a adaptarse al ritmo de las cosas y a situarse en el escenario social de cada tiempo (Capdequí, 2012:217). Es decir, impide que el hombre no responda a nuevos desafíos que pueden comprometer su supervivencia.

Al miedo y a la cobardía se debe que el hombre mantenga esa añagaza para crear sociedades y dentro de ellas instituciones, como el Estado, para protegerse de todo lo que desconoce porque lo que no se conoce, habitualmente, es perjudicial. Para Hobbes, en su « Leviatán », el Estado procura defensa, concretamente, frente a otros hombres. De ello se deduce que el miedo hacia el hombre no conocido es semejante al temor hacia lo desconocido natural. Y surge una pregunta: ¿quién puede suponer que lo ignorado es siempre perjudicial si no quien haya vivido en un medio que le ha sido siempre hostil?

El pavor es tal que los inhibidores de conducta que impiden matar a un congénere no operan en la persona como sí en otras especies animales. Konrad Lorenz, recoge en su libro  « Consideraciones sobre las conductas animal y humana », por ejemplo, cómo un perro macho está imposibilitado para morder a una hembra o a un cachorro de su especie. O cómo en el combate cuando el perro más débil exhibe « posturas de sumisión », el más fuerte queda impedido para morder el cuello del vencido, consecuencia de un conflicto entre la ira y el mecanismo inhibidor (1974:180-1).

No es el caso a nosotros aplicable como especie como se documenta a diario en prensa.

Para Zygmunt Bauman la variante moderna de la inseguridad se caracteriza por el miedo a la maldad y a los malhechores humanos (2007:84).

Impera la suspicacia hacia los demás y sus intenciones, incluso se cuestiona la integridad de instituciones que deben conferir seguridades. Ello genera desconfianza.

 Que la individualidad se haya impuesto en detrimento de lo comunitario se explica por varias causas. Castell las encuentra en la supresión de las corporaciones y comunidades, estrechamente unidas, ya que en el pasado definían reglas de convivencia. Al ser sustituidas por lo individual, lo imprevisible se hizo presente y con ello toda clase de cautelas.

Pero también se explica por el conocimiento y el acceso a la información que permite ver realidades no muy distorsionadas. Recursos todos que han prosperado gracias al Estado liberal protector de la persona.

Para otros autores es causado por una concurrencia de elementos: racionalización, división del trabajo, especialización laboral, implantación del estado de bienestar e incremento de la formación (Halman y De Moor, 1994:29).

La importancia de lo individual en detrimento de lo colectivo hace que los conceptos « interés general », « justicia social » o « bien común » entren en crisis. Para Hayek constituyen abstracciones vacías de sentido porque « ¿hay algo más abstracto que los individuos a los que aluden, desprovistos de toda dimensión histórica como de filiación social? » (Teodorov, 2012:104). Y es verdad que detrás de este concepto dirigido al desconocido común no hay otro sujeto que los intereses de unos pocos para imponer sus criterios e intereses a muchos.

Ha contribuido también el contenido del  Estado de bienestar, al querer proporcionar seguridades a todos y descargar  responsabilidades y riesgos a los ciudadanos, los ha abocado a una actitud distendida con la que hemos afrontado esta crisis económica mundial del siglo XXI.  Como resultado un resurgimiento de miedos que olvidamos a cambio de consumismo. Lo postmoderno que involucra a la democracia (Inglehart, 1994:66) como una de sus elementos entra en crisis…

El individualismo y su insolidaridad - por la desconfianza- no pueden ofrecer alternativas si no es mediante su conversión a otro paradigma ético. Quizás producto necesario de una evolución que de paso a lo más apto, se despoje de lo fracasado, abrazando lo auténtico del hombre que es su dignidad (vid. Strathern, 2004:39 y Megías, 2006:165) .Y es lo único que puede ofrecer una convivencia sostenible alejado de lo que Kierkegaard llamó « la importancia del pecado en el mundo» (2012:113).

Hoy se necesita valor, aquel definido por Séneca: « No consiste el valor en temer a la vida, sino en hacer frente a los males por grandes que sean y no volverles la cara y retroceder »  (Séneca, Phoen. 190-2).

Que es reiterado por Vila y Camps en 1776, para quien « el verdadero valor se conoce en los peligros que nos amenazan fuera de las batallas; pues aunque la muerte sea de los objetos más espantosos, sin embargo, el dolor, el desprecio, la pobreza y otros mil accidentes que no dejan de tener una apariencia de terror y espanto , son muy capaces de sorprender la mayor parte de los hombres cuando estos ven que esos males los envisten y acometen. El valor, pues, consiste en saber resistir a todos esos peligros » .



Ante una indolencia inducida por un relativismo, surge como remedio un valor de naturaleza casi épica para afrontar lo que los tiempos nos preparan.

Por de pronto ese temor se traduce en insolidaridad hacia  el sufriente. Posiblemente porque cuando naufragan otros nos creemos más seguros...Por extraños sortilegios para rehuir de vacios silentes. Insolidaridad, miedo, subsistencia...Todo es válido para no caer aunque  estemos cayendo.

martes, 9 de septiembre de 2014

Creatividad fundamental: Etzioni-Halevi, Maritain, Eaton, Horwitz y Elt ( 3 min.)

Creatividad fundamental: Etzioni-Halevi, Maritain, Eaton, Horwitz y Elt ( 3 min.)
Por
Juan B Lorenzo de Membiela

La severidad anula la creatividad, como anula la motivación, el impulso, la promoción de ideas que optimicen el servicio pero también para sí, en un afán de construir reputación y con ello identidad dentro de la organización. De reconocer aportaciones propias, individuales. Se trata de evitar que se fabriquen operarios estereotipados, victimas del « bourn-out » . 

El desencanto, la depresión, las dependencias físicas y psíquicas... son testigos de una situación inquietante por lo cotidiano y frecuente que se manifiestan. Consecuencia de un taylorismo burocrático que no se corrige porque no interesan otras alternativas gestoras, o no interesa asumir más responsabilidades que la mínimas. Aún en crisis, los riesgos de siempre mantienen su trágica realidad. 

La ineficacia de una política previsora, aún la publicación del RD 337/2010, de 19 de marzo, delata que la escala de valores y preferencias en la organización ha desplazado el factor humano al factor económico ignorando que ambos no son contradictorios sino complementarios.

Jacques Maritain habla de la dignidad del trabajo y el sentimiento de los derechos de la persona en el trabajo, que por ellos el funcionario es considerado persona; el trabajo como hecho moral afecta al empleado en su dignidad porque es expresión de su condición como persona  [1] . Y de esta reflexión, la creatividad, la innovación, en cuanto nace de la inteligencia del hombre, es patrimonio de su dignidad, atributo de la persona.

La creatividad requiere libertad para alcanzar su dimensión productiva, la potencialidad creadora, que es potencia creativa. En un escenario burocrático las condiciones ambientales óptimas serán mermadas si a una aplicación literal del reglamento nos atenemos. Esto es constatado por autores de la TGA (Teoría General de la Administración) que por ello esgrimen la flexibilidad e incluso más allá, la individualización de condiciones laborales en pos de la eficiencia.

La aplicación erga omnes o general de la ley supone para el rendimiento de las organizaciones un impedimento para su productividad, pero también un reto para los responsables de personal que se enfrentan a procesos de ingeniería organizacional para armonizar tanta diversidad.

Para Weber, la creatividad y libertad no existen fuera de lo público, sometida a la organización y a las exigencias estructurales[2], lo que generará un conflicto entre el individuo y la Administración en donde el empleado es la parte más débil pero que sin duda afectará , de algún modo, como ente vivo[3] que es la empresa  que interactúa interna y externamente.

La creatividad se integra en la dignidad en cuanto que completa un valor constitucional como es el de la libertad[4], recogido en el art. 1.1º CE.

II  Poder e interés general.

En el siglo XIX , es destacable el estudio de Eaton en 1880 y su defensa de la profesionalidad y  mérito en el acceso a lo que hoy entendemos como  función  pública. Desarrolla la tesis de que el buen funcionamiento del servicio marca la pauta moral de la política nacional. Idea rescatada por Etzioni-Halevi en 1990, que postulan   que el nivel de corrupción es una variable dependiente del bajo nivel de profesionalidad del servicio civil [5]

Esta tesis influirá en otros autores pero sin valorar la incidencia de la política en la gestión. Bajo una visión decadente de la condición humana se confiará a la razón y a la educación racionalista pero defendió el control y la autoridad sobre los servicios públicos . Su postulado ideológico es el mérito y la imparcialidad que garantizaría un comportamiento objetivo de la Administración.

La separación entre  política y Administración era admitida sin condiciones . 

Para Weber esta  burocracia era la forma organizativa de la modernidad . Manifestación de la legitimidad racional-legal,  que permitía el dominio más coherente. Sobre el funcionario pesa el deber de objetivar sus respuestas con el ciudadano y para ello  el sistema debe impedir que los intereses de partido influyan en la gestión.

Existe una clara diferencia entre la política, esfera en la cual deben plantearse las divergencias éticas y la Administración, en donde  se concentra  la ejecución de esos  objetivos  sobre las variables de jerarquía,  eficiencia, imparcialidad y búsqueda de la verdad[6]. Aunque es un concepto moralizante que pudo ser empleado para evitar arbitrariedades y con ello un control ético personal e interno de la propia Administración por su empleados. Ejecución de las políticas públicas encomendadas pero con discernimiento del binomio justicia-injusticia equivalente al binomio objetivo-arbitrario).

El regreso a la historia es una huida de un presente que resulta   hostil. Para , Horwitz , se produce cuando se acumulan dudas sobre las verdades eternas. 

 En situaciones en donde la conflictividad comprometa la buena administración, quiebran los derechos, quiebran las obligaciones y se anulan los deberes. Por muchas garantías que se intenten justificar y por muchos procesos  que se instauren,  en la mayoría de las ocasiones serán  sólo excusas para justificar una ruptura de los derechos del ciudadano . Ello contribuirá  a fomentar una  decadencia ya anunciada a la que es cómodo subirse por sus indudables beneficios particulares y perversos efectos sociales . No es algo puntual , tampoco territorialmente concreto.

La crisis de la justicia aconteció en EEUU en la primera mitad del s. XX, concretándose en la actividad desarrollada por el Tribunal Supremo al interpretar la Constitución y ejercer el control constitucional de las leyes, analizando en especial la jurisprudencia Warren (1953-1969). Corrían dos posiciones doctrinales sobre la función jurisdiccional denominadas «interpretativismo» y «no interpretativismo».

El interpretativismo defendía la vinculación del juez a la ley, a sus mandatos explícitos o implícitos.

 El no interpretativismo sostiene la libertad del juez para actuar, desbordando el estricto marco del texto legal que interpreta, en orden a la indagación de sus principios inspiradores y de los fines por la norma queridos, realizando de este modo una labor de concreción y de plasmación de los valores fundamentales comúnmente aceptados por la sociedad de una época determinada.

Frente a esta dicotomía criticadas por su parcialidad , J.H. Elt  ofrece otras alternativas , entre ellas, el procedimentalismo[7], postulando una actuación jurisdiccional más en consonancia con el sentir del momento, en el contexto propio y complejo de una sociedad democrática evolucionada y en relación con el resto de los poderes y demás instancias políticas en juego.

El resultado no es otro, no puede ser otro , que  una interactuación del juez con el resto de poderes que de algún modo puede ser rechazable  en nuestro ámbito cultural en donde todavía se defienden los principios  de imparcialidad e independencia del art. 117.1º CE ,  y cuya defensa y fiscalización corresponde al CGPJ y al resto de instituciones constitucionales.





[1] Maritain, J., El hombre y el Estado, 2ª edic., trad. Palacios, J.M., Fundación Humanismo y democracia-Encuentro, Madrid, 2002, p.  111. y  Maritain, J., Los derechos del hombre. Cristianismo y democracia, Biblioteca Palabra, Madrid, 2001, p. 78.

[2] Eisenstadt, S. N., El carisma, la creación de instituciones y la transformación social, Revista de Estudios Políticos, 1973, 187, p. 71.  

[3] Soto, J.M., La empresa como ser vivo. Su personalidad, su alma, su espíritu. El  MAT  (Metamodelo de  Análisis Transformacional)  aplicado a las organizaciones, Granica, Barcelona, 2005.

[4] Vid..Lessem, R., Gestión de la cultura Corporativa, Díaz de Santos, Madrid, 1991 y Revista de la Universidad de Buenos Aires, 1962, p. 430.

[5] Etzioni-Halevy, E., Exchanging Material Beneficts for political support: A Comparative Analysis, en A. J., Heidenheimer  et al., Political Corruption, transaction Publishers, New Brunswick, 1989.

[6] Goodnow, F.,  Politics and Administration, Russel and Rusell, Nueva York, 1900.

[7] Elt, J.H. Democracy and Distrust. A Theory of Judicial Review («Democracia y desconfianza. Una teoría de la revisión judicial»), Harvard University Press, Cambridge ,Massachusetts,, 1930, pp. 268 y ss..
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martes, 2 de septiembre de 2014

La Casa de Borbón y la Feria de Albacete ( 3 min.)

La Casa de Borbón y la Feria de Albacete ( 3 min.)


por Juan B. Lorenzo de Membiela.


Desconocemos la importancia de la concesión  por  SMC Felipe V  del privilegio de    « franca » a la feria   de Albacete[1].  La España del siglo XVIII estaba en tránsito  entre  la gloria militar de un  Imperio  herido a un reino ilustrado, barroco y racionalista, con serios problemas económicos y deficiencias sociales. En el  escenario internacional, la guerra de Sucesión entre Borbones y Austrias costó la perdida de las provincias de  Flandes, territorios en  Nápoles, Milán y Cerdeña, dados  a Austria; Sicilia y parte del Milanesado  a Saboya   y la cesión a Inglaterra de Gibraltar y Menorca.

 En el domestico, el cambio  dinástico introdujo esperanzados  proyectos ilustrados que entre muchos, resalto,   el saneamiento  económico  del reino[2]. Una estrategia económica   poco conocida pero  relevante   en su  contexto histórico y en las costumbres derivadas del Fuero Juzgo y Las Partidas   fue el Auto firmado por  el Rey en  4 de diciembre de  1705, declarando:      « […] quienes fundasen fabricas estarían en el  favor real, sin que  el manejo de dichas fábricas fuese obstáculo para conservar o alcanzar la nobleza o para ostentar cualquier carácter que tuviesen los hijos-dalgo de Castilla […] » [3].  Quizás mediatizado por la suspensión de pagos del Estado declarado en 14  de octubre de 1704[4].

 En 1749 comienza la construcción de los primeros « caminos carreteros » [5]  .  Hasta esa fecha no existían  vías de comunicación entre núcleos de población. Los caminos causarán, que villas  , aldeas y cortijos abandonen el autoabastecimiento generado  por la  incomunicación: las carretas, coches de colleras, galeras y calesas, constituían  la logística necesaria para crear comercio  e industria.

 A finales del siglo XVIII se amplía el camino real  Madrid -Valencia. Atraviesa la villa por las calles de los Baños, Tinte, Plaza de Carretas y Santa Quiteria. Es destacado por autores  lo excelente de la  vía, mejorada   en 1761[6] , a su paso por Albacete. Tráfico de bienes y tráfico de personas, sometido éste  a imperativos  administrativos de regresar el mismo día  a plena luz o de presentar fiador o vecino en la localidad  a donde se dirija[7] que respondiera de su conducta.

Las ferias o mercados  eran una oportunidad única para el comercio, precursores mercantiles  que producían riqueza e intercambio cultural entre villas.  Tributaban a la Corona. Pero las llamadas  « Ferias Francas », eran un privilegio o merced real que exoneraba la  contribución a la Corona[8] . Por ello se comprende que la concesión del Privilegio real de « Feria Franca » a la de Albacete,  dado por SMC Felipe V en  6  de marzo de 1710,  constituyó un hecho sobresaliente, no solo religioso y comercial sino también social por las interacciones que se producían  entre personas de diferentes lugares.

 Como recoge  la Real Provisión confirmatoria de 3  de agosto de 1716,  sancionada, a su vez,   por la de  7  de septiembre de 1761, se mandó  que no se exigiera ni llevase  maravedís ningunos ni otra cosa a los comerciantes y mercaderes que concurrieran a la Feria con sus géneros y mercancías por razón de permiso, licencia o postura de los géneros que fuesen a vender a ella ni sobre ello se hiciera causa a dichos comerciantes ni vejación de que tuvieran justo motivo.

La importancia local y la relevancia económica en general  de nuestra Feria Franca es recogida por Pérez García comparándola con la de otras villas y ciudades[9] ; permitió a la villa triplicar sus beneficios en pocos años. El comercio de la feria lo constituía  el ganado, tanto  mular  como lanar, granos, legumbres, quincalla, loza, tejidos varios, lino, cáñamo, esparto, navajas, cuchillos, puñales y especias tanto nacionales como extranjeras.

La  concesión  de la Merced Real  obedeció  a dos causas:

Primera, la adhesión inmediata del Ayuntamiento al nuevo monarca en  5 de diciembre de  1700: Nada más hacerse público el testamento de su SMC Carlos II, se ordenó    fijar edictos  para conocimiento de todos los ciudadanos y  « soltar la campana del reloj » [10]

 No mucho más tarde, se aportaría  ayuda financiera y de hombres frente a la pretensión del Archiduque D. Carlos de Austria.

Segunda, la devoción a NSra. de Los Llanos desde tiempo inmemorial.

El culto a nuestra Patrona es  previo a la dominación árabe[11]. Simón Pardo  afirma  que  la Virgen fue escondida por los cristianos de lo que hoy es Albacete cuando España fue invadida por los árabes en el s. VIII. Olvidado  el  escondrijo  por la erosión de los siglos, se halló después de la reconquista, en un  paraje conocido como «  Los Llanos ».

 Brevemente sobre el origen de la  talla mariana, Sánchez Ferrer con remisión a  Villalba y Córcoles en su Pensil del Ave María de 1730, expone la conexión  de NSra. de Los Llanos con el apóstol  Iacobi o  Santiago, llamado « el Cebedeo ».


Si a este relato nos atemos, y no hay razón documentada que lo impida,  el origen de la imagen y su culto posee una entidad histórica y religiosa de magnitud. 

Sánchez Torres, lo  completa trascribiendo  una tradición referente al hecho de su descubrimiento: « […] el labrador que halló la imagen la llevó a su casa pero la figura volvió al lugar del hallazgo y así dos veces más. Informado el clero se interpretó el suceso como signo claro del lugar en donde debía edificarse la ermita […] ». 

Este hecho, legado de la tradición,  es recogido en el Misal del 50º aniversario de la Coronación de la Virgen de Los Llanos[13]  celebrado en 2006 en Albacete en el Parque de Abelardo Sánchez. Hay que aclarar que la actual imagen no es la originaria, datándola, según Sánchez Ferrer,  en el s. XVII[14]; presenta rasgos del barroco español.

Se edificó una ermita en el lugar del hallazgo  en 1627, en un paraje llamado   « Los Llanos»  , visitada por  multitud de fieles, dada su  fama de milagrosa que se extendió por provincias hoy, lindantes con la de  Albacete, e incluso en Guadalajara . 

Los  PP. Franciscanos construyeron un Convento  en 1672  contiguo a la ermita, trasladando la imagen de Ntra. de Los Llanos  a su convento  en una capilla al efecto construida[15]. Los Llanos, por aquel entonces,  era un cruce de caminos,  que según  Santamaría pertenecía al término municipal de Chinchilla hasta que pasó al de de Albacete entre 1568-1569.

El monasterio convertido en custodio de la imagen sacra  junto a la afluencia de fieles originó un mercadillo antecedente de la actual feria.

Transcurrido el tiempo las  diferencias entre los PP. Franciscanos  y el Ayuntamiento de Albacete sobre la ubicación de la feria, patentizaron un conflicto que fue resuelto por el Supremo de Castilla  a favor  del Concejo municipal. Decisivo en este pleito  fue  la intervención de D. Pedro de Cantos,  que además  construyó unas lonjas  en los « ejidos »  o  « eras  »  del paraje de su propiedad llamado de Santa Catalina  .  La Plaza Mayor no ofrecía espacio suficiente: En Santa Catalina se celebrará la feria de modo definitivo[16] desde 1783.

Pero las romerías populares  seguían celebrándose en Los Llanos. Según García-Sauco, tras la desamortización de 1836 se suprimió el Convento franciscano y el Ayuntamiento de Albacete reclamó para sí, la imagen y sus pertenecías que fueron depositadas en la Iglesia de SAN Juan Bautista, en una hornacina en el  retablo barroco que desapareció.

El Ayuntamiento adquirió las lonjas construidas por D. Pedro de Cantos y pretendió su reforma  a través de un proyecto arquitectónico realizado por D. Lucas de los Corrales y Ruiz, en 1771. No llegándose a edificar, en 1783 se ordenó al maestro arquitecto D. Josef Jiménez la construcción del edificio ferial – el que podemos ver hoy- concluyéndose  en 1784 esta vez bajo la dirección del arquitecto D. Antonio Cuesta. 

El coste de la obra ascendió a 107.783 reales y 5 maravedís.  El tipo de arquitectura responde  a la de los grandes mercados del siglo XVIII, de tipo cerrado y con casetas en el interior. De este estilo se construyeron  en Italia del norte , en el Veneto, Crema y Verona y en el Milanesado, Bérgamo. Fuera de Europa, en la Puebla de los Ángeles (actualmente Los Ángeles, California, EEUU) y en Potosí (Bolivia). Siguiendo a Bonet Correa, se cree que existía un busto de SMC Carlos III en la puerta central[17].

La imagen mariana desde entonces  se trasladará cada año desde la Catedral de San Juan Bautista  al recinto ferial, de modo definitivo y continuo.

En 1875 se creó la Asociación de la Virgen de los Llanos, siendo honrada con el título de               « Real  » por merced de SMC Alfonso XIII en 1917.

Cabe resaltar por último  que fue el culto mariano, el que ha salvado a la feria en diversos años por la propagación de enfermedades. La villa  de Albacete sufría de una insalubridad recurrente.

 Las aguas quedaban estancadas y su descomposición generaba  epidemias de tifus y cólera. Blanch e Illa, sitúa en  1500 cuando se tiene noticia de la primera epidemia producida por sus aguas procedentes del manantial llamado « Ojos de San Jorge». 

Desde aquel entonces las inundaciones fueron frecuentes. Llegando a  rodear la villa de Albacete,  situada en lo que hoy es Villacerrada. Inundando  sótanos y cuevas[18], problemas hidrológicos que fueron paliados por los diversos reyes de la Casa de Borbón hasta entrado el siglo XIX. 


Estos accidentes  meteorológicos condicionaban  la supervivencia en esta villa y el éxito comercial de la feria. La solución definitiva recogida  por el geógrafo danés Malte-Brun, fue la construcción  del canal de María Cristina de una longitud de 5 leguas equivalentes a 27,8 kms.[19] ( En realidad construido por SMC Carlos IV)

En conclusión, la Feria de Albacete en honor a NSra. de Los Llanos  es más que un acto comercial y lúdico. Además de su dimensión religiosa,  es el  símbolo de una ciudad que durante siglos ha luchado para conseguir y mantener la Virgen perdida  y hallada  y reconocer  con ello y por ello  su  linaje como ciudad. Frente a la globalización quizás sea una seña de identidad  necesaria para no someternos  a lo vulgar y vivir una individualidad que nos haga más libres y dignos.












[1] Espinalt y García, B.,  en su obra  Atlante Español o Descripción general geográfica, cronológica e histórica de España, por reynos y provincias  »  de 1778, p. 135 califica a Albacete como una de las grandes, nobles y famosas de este reino […] .

Cabe mencionar como promotor  de la capitalidad provincial de  Albacete en   1833 frente a la influyente Chinchilla al Rmo. P. de las Escuelas Pías D. Jorge López y a  D. Miguel Fernández Cantos. Hecho que no ha tenido ni tiene mayor reconocimiento en nuestra ciudad, siendo por ello una deuda todavía pendiente y no prescrita  que los Ayuntamientos  de la ciudad deben reconocer del modo más apropiado. Prodigioso es el hecho de que una pequeña villa  llegue a convertirse en capital provincial frente a otras con más raigambre histórica.

[2] Menéndez Pidal, R., La época de los primeros borbones, en « Historia de España », t. XXIX, v. I,   dir. Jover  Zamora, J.,  Espasa-Calpe, Madrid, 1985, pp. XII, XIII y 181 y ss..

[3] De Miguel Fernández, E., Introducción a la gestión (management), Universidad Politécnica de Valencia, Valencia, 2007, p. 36.

[4] Real Academia de la Historia, Atlas Cronológico de la historia de España,  Ediciones SM, Madrid, 2008, p.227.
[5] Rueda Hernanz, G., España 1790-1900.Sociedad y condiciones económicas, Istmo, Madrid, 2006, pp. 94 y ss.. Razona este autor que la dificultad y retraso consiguiente de crear vías  de comunicación en España obedeció  a la orografía  montañosa y a  las diferentes cotas de altitud de los territorios, lo que encarecía- y aún hoy encarece- la construcción de infraestructura  viaria y ferroviaria.

Durante el s. XIX se intensificó significativamente por el acuerdo de las Diputaciones de construir « carreteras vecinales »  al amparo del art. 68 de la Ley de Diputaciones Provinciales de 8 de enero de 1845, vid.. Martínez Alcubilla, M., Diccionario de la Administración Española, Peninsular y Ultramarina: Compilación ilustrada de la novísima legislación de España, t. VI, Madrid, 1868, p. 569.

[6] Pérez Picazo, M.T., La Economía de la Ilustración, Cuadernos del seminario « Floridablanca » , Sucesores de Nogués, Murcia, 1988, p. 134.

Archivo Histórico Provincial de Albacete, Obras varias, Legs. 481 y 482.

[7] Vid. Mellado, F.P., Guía del viajero en España, Madrid, 1852.

[8] Madoz, P., Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar,  t. I, 2ª edic., autor-editor,  Madrid, 1846, pp. 243 y ss..

[9] Pérez García, J.M.,  La Economía de la Ilustración, Cuadernos del seminario « Floridablanca » , Sucesores de Nogués, Murcia, 1988.

[10] Sánchez Torres, F.J., Apuntes para la Historia de Albacete, cit., p. 23.

[11] Xerif Aledris, Descripción de España, trad. Conde, J.A., Imprenta Real, Madrid, 1799 p. 192 que conecta con la tesis defendida por Palasui y Catalozella, E.,  Blasones Españoles y Apuntes históricos de las cuarenta y nueve capitales de provincia, Barcelona, 1867,  p.1

[12] Sánchez Ferrer, J., Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla La Mancha, Encuentro, 1995. Madrid,  pp. 45-6.

[13] Diócesis de Albacete, Misa por el 50º aniversario de la Coronación de la Virgen de los Llanos en 28  de mayo de 2006, Diócesis de Albacete-Diputación provincial de Albacete, Albacete, 2006.

[14] Sánchez Ferrer, J., Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla La Mancha, cit.,   pp.   46-7.
[15]  Simón Pardo, J., La devoción a la Virgen en España: historias y leyendas, p. 356.

[16] Archivo Histórico Nacional, Protocolos, 17770. Bonet Correa, A., Fiesta, poder y arquitectura: aproximaciones al barroco español,  Akal, Madrid, 1990, p. 162.

Vid.. Aranza Pérez, F.J., Letrados, juristas y burócratas en la España moderna,  UCLM- Junta Castilla La Mancha –Ministerio de Educación, Albacete, 2005,  p. 575.

[17] Bonet Correa, A., Fiesta, poder y arquitectura: aproximaciones al barroco español,  cit., p. 165.
[18] Blanch e Illa y otros, Crónica General de España, Albacete, Madrid, 1867, p. 47.

Vid.. Sánchez Ibáñez, J.M.,  El Hospital de San Julián de Albacete: estudio histórico, Instituto de Estudios Albacetenses, Albacete, 1997.

[19] Malte-Brun, C., Geografía universal física, histórica, política, antigua y moderna, p. 328 y ss..