lunes, 2 de septiembre de 2013

La batalla de Brión : el triunfo de la táctica militar ( 2 min.)

La batalla  de Brión : el triunfo de la táctica militar ( 2 min.)

Juan B. Lorenzo de Membiela

Por la mañana del día 25 de agosto de 1800, festividad de San Luis y onomástica de SMC María Luisa de Parma,  se organizó en la capitanía de Ferrol  una misa de tercera clase, blanco, engalanado general, salvas, rancho extraordinario y besamanos en el salón del trono .

A eso de las 10h. avistó el vigía de Monteventoso un convoy que seguía por la costa para montar (pasar por delante) el  cabo Prioeiro. Transcurridos unos instantes, pudo el centinela contabilizar 87 buques  pero  sin determinar su potencia y clase. La escuadra seguía hacia el sur con viento flojo del Norte.

Transcurría el desfile en capitanía y  alguien alertó  al mayor. Se ausentó regresando al momento. Comunicó a D. Francisco Melgarejo, Jefe de la Comandancia,  noticias, al menos, inciertas. Era frecuente divisar convoyes ingleses desde  Ferrol en dirección al Mediterráneo.

Pero a las 13h se puso la flota de la vuelta del Este y prolongó (colocarse paralelamente a la costa y a su inmediación) de Norte a Sur entre las playas de Palleiro o de  Doniños y la de los Ríos (Muñoz Iglesias y Fernández Núñez, 1977), en donde desembarcaron.

Entretanto, los marinos españoles departían amigablemente en el café de Capitanía celebrando la real onomástica. El murmullo y risas de tan feliz celebración se rompió al oír la tamborrada que batía generala. Al tiempo un Ayudante declamó  altisonante:

« Señores: Los ingleses acaban de desembarcar en la playa de Doniños  y, según las apariencias, se dirigen con rapidez a apoderarse de esta plaza y acaso de nuestra Escuadra, creyéndonos, sin duda, desprevenidos para la defensa ».

La flota se encontraba bajo la insignia del almirante Sir John Warren (Dudley y Crawford, 1985). 

La  integraban 7 navíos, 6 fragatas, 5 bergantines y 1 goleta. Un  total de 21 buques de guerra y  86 naves  con  15.000 soldados, de infantería, artillería y caballería,   al mando del teniente general  Abercombry  [(Montero, 1859) y  (Escrigas, 2000)].

Como  fuerzas españolas, la escuadra del teniente general D. Juan Joaquín Moreno, con sus navíos: San Hermenegildo, Real Carlos, Argonauta, Monarca y San Agustín; las fragatas Mercedes, Asunción, Clara y La Paz; el  bergantín  Palomo y la balandra  Alduides.

En la comandancia  se contaba con el bergantín  Vivo; 6 cañoneros y otros cuatro en Ares que vinieron a socorrer Ferrol. En total, las tropas militares eran cerca de 2.000 hombres y junto con vecinos de Ferrol  no sumaban más de 3.000. No era posible que  refuerzos solicitados pudieran auxiliar a la Comandancia ferrolana.

La escuadra naval  era  comandada por el teniente general D. Francisco Melgarejo y el mando de la Comandancia, interinamente ocupado, por el conde de Donadio.

Estudiando el escenario  de la batalla  en la posición del vigía de Monteventoso, el general Moreno  exclamó a su ayudante Power: ¡Qué vista tan magnífica si no nos amenazaran…! (Montero, 1859:88).

A las 20.45, los ingleses habían alcanzado la batería  de Doñinos con dirección   al castillo de San Felipe.

La táctica defensiva y ofensiva de los españoles consistió en  cuatro acciones simultáneas y combinadas:

1.      Parte de la flota tomó  posición frente a toda la costa de La  Cabana y de La Graña, llegando desde La Malata a  El Vispón.

2.      Una columna de 500 hombres al mando del capitán Topete ocupó  los montes de Brión para hacer frente a un enemigo de 4.000 hombres que logró  romper su avance.

3.      El resto de fuerzas se concentraron durante la noche del día 25  en La Graña  y montes inmediatos bajo las órdenes del conde de Donadio con dos líneas de batalla, que hicieron huir al enemigo aplicando tácticas de guerrilla ante la desproporción de la fuerza enemiga.

4.      Acción de las   lanchas cañoneras que se unieron a la flota del general Moreno, no sin antes ser perseguidas por un bergantín ingles.

La acción de estas barcas, típicamente españolas y empleadas en varias acciones bélicas  desde el siglo XVIII,  poseían un  efecto devastador. Al realizarse el disparo   a ras de mar era tan  preciso como devastador el cañonazo. Su acción fue decisiva en lo que a contraataque  a navíos y ataque a las playas ocupadas se refiere. 

Montaban un cañón de a 24 (semejante al de  los buques), median 28 pies (8.5 m.)  de largo, 10 pies ( 3.04 m.) de alto y 9 pies ( 2.7 m.) de ancho ( Núñez Iglesias y  Fernández Núñez,1977).

Participaron 10 cañoneras bajo las órdenes  del capitán de fragata D. Santos de Membiela y Rico, los tenientes de navío Vizcarrondo, Monzón, Freira, Autrán, Moreno; el alférez de navío Bulnes y los de fragata Barandica y Talón [(Montero, 1870:93) y (AGM 620/723)].

Del capitán de fragata  D. Santos de Membiela, cabe resaltar su intervención en la lancha cañonera del navío S. Hermenegildo, en donde se encontraba  embarcado, con órdenes para el gobernador del castillo de S. Felipe a las 2 de la noche. 

Junto al ataque a otro fuerte en donde sufrió un vivo fuego enemigo a corta distancia del que resultaron varias averías en la lancha. Sin embargo respondió con el cañón de la embarcación con el mayor acierto y  obligó a los enemigos a retirarse a la cumbre de la montaña (AGM 620/732).

El día 26 de agosto, por la tarde, los ingleses se retiraron de los montes y costas españolas. El día 27 el conde de Donadio certificó su huida.

 Gesta tan sublime  merece ser recordada   porque no puede vencerse a un futuro hostil sin un pasado glorioso que lo apoye.

El igualitarismo, de corte totalitarista,  no puede impedir dar a cada uno lo suyo conforme a su sacrificio y entrega.


Reconocer generosidades vitales es un deber que a toda la sociedad    incumbe porque con ello se disipa cualquier relativismo sobre lo bueno, lo malo y lo peor.