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miércoles, 31 de diciembre de 2014

La romántica Comisión Científica del Pacífico y sus causas científico-militares ( 8 min.) .

La romántica Comisión Científica del Pacífico y sus causas científico-militares  ( 8 min.) .

Por
Juan B Lorenzo de Membiela

Palabras clave: 

Alexander von Humboldt ,  Alejandro Mon, Capitulación de Ayacucho de 1824, Castro, Comandancia general de la escuadra de SMC en el pacífico, Deuda pública, Expedición franco-española a la Conchinchina, Fernando  Amor, Fragatas impulsadas  a hélice o « a tornillo », Guerra de Crimea, Guerra de marruecos, Guerra del pacífico, Intervención del ejército español en México hasta Orizaba, Islas Chincha, Manuel Pando, Manufactura textil, Narváez, O´donnell, Patricio  Paz y Membiela, Paz de Wad-Ras, Prim, Quiebra del Estado de 1866, Reclamación de EE.UU.  de Cuba, República de Santo Domingo, Santa Cruz la pequeña, Jules Duval, Sociedad Geográfica de Francia, Museo de CCNN de Madrid, Real Jardín Botánico ,Real Sociedad Española  de Historia Natural .


Fue  el explorador  Alexander von Humboldt (1769-1859) quien  inspiró a los naturalistas de la Comisión Científica del Pacífico. Aquel expedicionario  prusiano, hijo del romanticismo y discípulo de la escuela de Jena[1] , exploró  llanuras, montañas y volcanes  en América Central y del Sur. Pero tambien España, en  1799  y 1801: recorriendo la península ibérica  y ascendiendo al   Teide en Tenerife. Hechos más que suficientes para reconocer  un  nexo de unión para  seguir al maestro.

Ese paralelismo vital  se evidencia en el afán  de explorar volcanes, especialmente en Jiménez de la Espada[2] . Y  ascender cumbres  como elemento natural pero abordado desde un prisma ideológico. La montaña como referente de un nuevo hombre y de una  nueva sociedad. La fuerza indómita de la naturaleza que  inspira  la pureza  del sentimiento y de la razón. Por ello preciso de ser explorado para ser contado a todos.



Afán por alcanzar lo auténtico y desprenderse de tedios cotidianos que se tornan  vulgares, insoportables en su oscura densidad, vacuidad de palabras con  significados perdidos, predadora de incrédulos. Afán por alcanzar  ideales  que liberan. No se trataba de reinvenciones que ya fracasaron   sino de escenarios  que confortan, quizás por su inocencia, quizás por  su  plenitud sin sombras ni abismos.

El escapismo hacia lo desconocido es  lo que convierte a nuestros exploradores en testimonio de generosidad[3],  en gesto entusiasta por la ciencia. Con esa   juventud  que invita a   adentrarse  en lo desconocido...de una aventura por superar: « Buscando algo que nadie ha encontrado en la tierra […] » [4] . Aun sufriendo durante  la travesía  privaciones y condiciones difícilmente admisibles para cualquier trabajo, más para el  científico y reflexivo.

Escrito está en el diario de Francisco de Paula Martinez: « La Comisión es mal mirada pues desean nos vayamos cuanto antes y yo tambien ansío salir de este estado […] » [5]

Hicieron suyas las palabras de Virgilio en su  «Eneida »: « […] El mejor premio os lo darán los dioses, os lo dará vuestra conciencia […] »[6].


Eso fue  el romanticismo y lo que a muchos autores han llevado a calificar a esta  Comisión como la última expedición romántica española[7].

Eran unos científicos treintañeros[8] salvo  su presidente, D Patricio Paz, que embarcó con 55 años. Tuvo  una larga carrera en la marina desde los 12 años, y nombrado presidente de esta campaña redactó   un reglamento para su  gestión en julio de 1862. Firmado  por el ministro de fomento, De la Vega de Armijo.

El  reglamento provocó protestas[9]pero en una expedición sufragada por el gobierno no podía ser de otra manera. Además que  necesario para coordinar a un grupo de expertos    con especialidades científicas  diferentes. Todos serían capaces de ello, pero solamente había una forma de hacerlo y esa era competencia del presidente  del grupo[10].

Un presidente que fue capaz  de enfrentarse a oficiales de la armada  demandando mejores condiciones para sus miembros y un presidente, en definitiva , capaz de dimitir de la Comisión  cuando sus reclamaciones fueron  ignoradas, ni recriminadas  las vejaciones sufridas , ni  reprendidos los  excesos que padecieron[11]

A pesar de recibir una   remuneración muy sustanciosa[12]... No todo tenía  un precio: no solamente enriquece lo fungible. Y hay remuneraciones que empobrecen como hechos y acciones envilecen.

Perseguían emular a otras gestas naturalistas emprendidas por la Casa de Borbón desde que ciñó la corona de España: la expedición del médico y botánico D. José Celestino Mutis en Nueva Granada; la de los  botánicos D. Hipólito Ruiz y D. José Pavón en el  Perú o la del marino Malaespina circundando  por mar el planeta.

Pero no fue solamente una comisión científica.  En muchos libros de historia si quiera es mencionada como tal, acaso un  agregado al  conflicto bélico que enfrentó a la antigua metrópoli  contra el Perú, Chile, Ecuador y Bolivia.

Estrategia diplomática mal diseñada  que no evitó   una espiral de alianzas de países sudamericanos que sospechaban  peligrar sus incipientes independencias.

Fue la  llamada   «  Guerra del Pacífico » desencadenada, de modo inmediato, por un conflicto  contra asalariados españoles  de origen vasco en una plantación de Talambo (Perú) .Pero, mediatamente, por el impago peruano de la deuda monetaria  que mantenía  con España fijada en la Capitulación de Ayacucho de 1824.

Todo ello causó la toma  de  las islas Chincha,  ricas en  guano, en abril de 1864.  Importante fuente de ingresos para esta nación.

La conocida como Comisión Científica del Pacífico  fue llamada en su  época bajo diversos nombres: « Exploración científica  del continente de América del Sur », queda registrado en alguna resolución administrativa publicada en la Gaceta de Madrid el  21 de junio de   1866. O « Expedición científica del Pacífico »  en la Gaceta de Madrid de 25 de junio de   1863.

En prensa: « Comisión Científica del Pacífico »   cita el diario « La Iberia »,  el 12 de junio de   1863 .O  el diario « El clamor público », de  14 de junio de  1863 o el diario « La correspondencia  de España », de 29 de junio de  1863.

 El origen del nombre tal y como   hoy se conoce  se debe a la influencia de la armada, así llamó a  un centro operativo creado para la ocasión: « Comandancia General de la Escuadra de SMC en el Pacífico». 

En agosto de 1862 cuando zarpó la expedición  desde Cádiz, el  Sr. Paz y Membiela, por sus relaciones personales,  así lo creía  y el resto del grupo tambien, pues eran científicos volcados en sus vidas académicas[13].

Embarcaron en las modernas  fragatas impulsadas  a hélice o « a tornillo » ,   « Resolución » [14](insignia)  y  « Ntra. Sra. Del Triunfo »[15]  .

A la llegada a Montevideo, enclave español desde 1845, se   incorporó la goleta, tambien propulsada a hélice,  «  Virgen de Covadonga »[16].

La llegada a este punto es publicado  por el diario «La España », el 1 de julio de   1863, del siguiente modo:

« […] Ayer se ha recibido en esta corte un telegrama anunciando que las fragatas de guerra Resolución  y Triunfo , que forman parte de la expedición al Pacífico, llegaron á Valparaíso el día 5 de mayo con toda felicidad, después de un viaje muy rápido, durante el cual han sufrido los buques recios temporales[…] » .

 Sin embargo no había una dirección única  de la expedición .Las dos comisiones, la científica  y la militar, carecían de una coordinación que resultase satisfactoria o al menos apropiada para la primera.

Es más, puede constatarse una organización deficiente  en la logística que debió  ofrecer cobertura a las muestras que la Comisión Científica  enviaba desde América regularmente.

Así, el diario  « La Iberia »  de 12 de junio de  1863, denuncia:

« Parece que no podrán exponerse por ahora al público los objetos enviados por la Comisión científica del Pacífico, por falta de local á propósito » .

Noticia reproducida por el diario «La Discusión », de 13 de junio de  1863, en los siguientes términos:

« Parece que no podrán exponerse por ahora al público los objetos enviados por la comisión científica del Pacífico, por falta de local á propósito. Ya se vé  como el general O'Donnell tendría proyectado hacer la exposición en algún cuartel […] » .

Como « vergonzoso»  denunciaba el diario « El Clamor púbico » en 14 de junio de  1863 estos hechos.

Noticias todas que motivaron una exposición provisional de los  objetos remitidos  por la Comisión  y que fue visitada por el ministro de Fomento, según anunció el diario « La correspondencia de España », de 29 de junio de  1863. La ubicación provisional fue el Museo de Historia Natural.

Debido a estas denuncias en prensa se creó una Comisión para recibir y ordenar las remesas remitidas.

El diario «El contemporáneo » de 23 de julio de  1863, refiere a  la recepción de la segunda remesa  de envíos de la Comisión.

Pero no fue ágil, ni tuvo la diligencia debida   para  gestionar  los envíos. El diario «El Contemporáneo » en fecha de 24 de enero de  1965 recoge la muerte de varios animales enviados desde Sudamérica, entre ellos, 3 cisnes de cuello negro:

« De los ochenta y tantos animales vivos enviados por la comisión científica del Pacífico, solo treinta han sobrevivido á la travesía, habiendo muerto algunos desde el Havre á Madrid. Entre los muertos se cuentan tres preciosos cisnes blancos de cuello negro […] ».

¿Pero  fue una expedición de naturalistas o fue una estrategia   para justificar ante la opinión pública  sudamericana, principalmente,  el envío de una escuadra  militar « de buena voluntad »  para fines distintos?

Los  antecedentes históricos dibujan un panorama repleto de tensiones, tanto en las antiguas colonias  de América, en  África  y en Asia, así  como en la política nacional.

En el continente americano cabe citar:

a)     La discreta   reclamación de EEUU para  anexionarse la isla de Cuba desde al menos 1845,  replicada enérgicamente por Inglaterra, opuesta  a la expansión territorial de su ex-colonia[17].

b)    La intervención del ejército español en México hasta Orizaba, ciudad situada en el estado de Veracruz, en 1861 y que finalizó mediante la Convención de la Soledad en febrero de 1862.


c)     Además, en mayo de 1861, se anexiona  España la República de Santo Domingo a petición del propio país por temer   una probable invasión del autoproclamado emperador de Haití, Faustino Soulouque.

En África:

-Se firma la paz de Wad-Ras con Marruecos el 26 de abril de  1860 por la que se ceden  a España el territorio comprendido desde el mar  siguiendo las alturas de Sierra Bullones hasta el barranco de Anghera. Junto a la cesión en la costa atlántica, en Santa Cruz la Pequeña (conocido por Sidi-Ifni o Ifni), del territorio bastante para construir un establecimiento como el que España tuvo en otro tiempo.

En Asia:

-En 1850 se envía una expedición franco-española a la Conchinchina (Vietnam actualmente) consecuencia del asesinato de unos misioneros, y la destrucción de  colegios  e iglesias. Se enviaron tropas desde Manila bajo las órdenes del coronel Palanca aunque no consiguió España sino una indemnización. Pero ninguna de las tres provincias vietnamitas en la paz alcanzada en 1862. Saigón y lo conquistado le pertenecían por razón de la lucha[18].

En Europa:

España participó en la guerra de Crimea, a orillas del Mar Negro, hoy perteneciente  a Ucrania, antigua república de la URSS,  en 1853. Conflicto que se entabló entre Rusia y Turquía.

España se encontraba con unas relaciones diplomáticas muy deterioradas con la Rusia zarista partidaria del infante D Carlos. De hecho, Rusia no había reconocido a Isabel II como reina de España.

Aprovechando esta coyuntura  España envió una comisión adscrita al ejército turco que frenaba la expansión zarista.

No envió ninguna fuerza más y mantuvo una neutralidad que gano la confianza de Rusia por la que se establecieron relaciones diplomáticas, reconociendo  a SMC Isabel II como reina de España.

El conflicto no supuso conquistas territoriales para España pero si un impulso importante de su economía pues durante 1853-1855 la exportación de grano pasó de 431 mll. de quintales métricos obtenidos en el periodo 1849-1852 a 1737 quintales métricos[19].

-En el ámbito nacional.

En el ámbito interno de España, la Comisión fue organizada en 1862  bajo el gobierno del general  O´Donnell con la Unión Liberal.

En marzo de 1863 se  forma un nuevo gobierno, del Partido Moderado con D. Manuel Pando como presidente del Consejo de Ministros.

En marzo de 1864 es nombrado D. Alejandro Mon, formando un gobierno  de integración entre moderados y liberales hasta septiembre de 1864 en donde el general Narváez, con el Partido Moderado, forma gobierno nuevamente.

Todo ello  constata   una inestabilidad política que delataba problemas económicos y sociales. España era considerada como periferia industrial en Europa, distante de los más evolucionados,   como Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Suiza[20].

 Como características económicas más notorias  que padecía España  cabe enumerar:

a)       El Estado se declaró en quiebra en 1866 a causa de la deuda contraída para subvencionar la  construcción del ferrocarril por el territorio nacional.

b)    Los intereses de la deuda pública hasta 1871 eran inviables. El porcentaje de los intereses de la deuda sobre  los ingresos fiscales superaba el 60%[21].

c)     Para la  manufactura textil asentada en Tarrasa, Manresa, Barcelona, Reus y Mataró, la década de 1860-1870 fue muy perjudicial  a causa de la guerra civil norteamericana (1861-1865) que interrumpió  el suministro de algodón[22].

De una  interpretación conjunta de todos estos acontecimientos  la exploración científica  del pacifico sirvió  de cobertura a una operación militar en el océano Pacífico y en concreto en contra del Perú. La finalidad, posiblemente, fuese asegurar la presencia española en Santo Domingo que había pedido su anexión a España, poniendo fin a una hostigación constante peruana contra toda presencia de España en América del Sur.

El Perú se había caracterizado por ayudar a diversos países sudamericanos a consolidar su independencia, caso de Mexico, Nicaragua o Costa Rica de España. Partidaria de alejarse de España  a toda costa. Organizó  el Primer Congreso Americano, celebrado en Lima en 1848: « para fijar las bases de la futura tranquilidad y seguridad de los pueblos de Sudamérica». Tambien el segundo congreso celebrado en 1864 en Lima[23].

El diario «El contemporáneo » de 19 de mayo de   1864, por ejemplo, reproduce el artículo publicado  en el diario «La Época », que  es ilustrativo de la tensión  existente  entre ambos paises:

«[…] El Perú es hoy el foro de una conspiración permanente contra España en América. En el Perú tiene cifrada su esperanza la rebelión de Santo Domingo, y el gobierno peruano es quien, a pesar de la retirada del ejército español de Méjico, incita hoy a la América del Sur  para la celebración  del Congreso y tratados hostiles a la influencia española  en aquellas regiones que nos deben su existencia y civilización. Amenazados constantemente los intereses españoles  en el territorio peruano, el señor Salazar y Mazarredo, rota toda negociación con el gobierno de Lima, retirado a bordo de la escuadra y habiendo enviado un largo Memorandum, expresión de los agravios de la España y que ha circulado a los demás Estados del continente como testimonio de nuestro derecho, cree que solo medidas enérgicas  y belicosas cambiaran la actitud del Perú respecto de la España […]».

En enero de 1866 regresó la Comisión Científica a España.

La crisis económica eran tan aguda que la Reina vendió propiedades  suyas  para solventar algunos pagos inexcusables.

Prim comenzaba sus revueltas en Madrid para destronar a la reina al tiempo que se produjeron alzamientos carlistas en las islas baleares  y manifestaciones republicanas en Andalucía.

La  inestabilidad interna era preocupante.

La muerte del expedicionario D Juan Isern en 23 de enero de  1866, debida a una infección hepática contraída en la  en la cuenca del Amazonas, tintó de trágica la singladura de la comisión.

D. Patricio  Paz y Membiela y los tres miembros de la comisión que todavía vivían , compungidos y abrumados por los acontecimientos,  acudieron al funeral. En estos momentos  tan íntimos, no faltaron los recuerdos  hacia  otro miembro, D. Fernando Amor, vicepresidente de la expedición, fallecido en S Francisco (EEUU) en 1863 por una dolencia tambien hepática contraída en la investigación.

 No hubo reconocimiento alguno de gratitud pública ni a Amor, ni a Castro ni  a Isern que murió a los 40 años. A su  viuda e hijos se les asignó una pensión testimonial  de 35 ptas. mensuales elevada posteriormente a 1300 ptas. anuales[24].

En enero de 1866 se había proyectado crear una exposición pública de todos los artículos  traídos a España.

Se dictó en 6 de marzo una Real Orden organizando la exposición, contenía los siguientes puntos:

1.    Se expondrían públicamente las colecciones en el invernadero antiguo del Real Jardín Botánico.

2.    Los miembros de la comisión deberían redactar un breve relato popular del viaje.


3.    Recibirían los salarios previa justificación quedando prohibido pedir atrasos por salarios vencidos.

4.    El Real Consejo de Instrucción publica  determinaría los ascensos que habían de ofrecerse como recompensa.


La Exposición  fue inaugurada el 15 de mayo de  1866.

Ocupaba tres grandes salones y dos galerías en el edificio del Real Jardín Botánico.

En el salón central se colocaron en lugar destacado retratos al óleo de D Fernando Amor y D Juan Isern así como 170 reproducciones de las fotografías hechas por Castro.

Cosa que ya el diario  «La correspondencia de España  » en 8 de febrero de   1866,  lo había publicado:

« Al hablar de los preparativos que se están haciendo para la exposición pública y popular que ha de verificarse  en abril la comisión científica del Pacífico, […] .Parece que también se expondrán al público las momias más notables.

Hoy podremos añadir que, según nuestras noticias, deseando el ministro de Fomento honrar la memoria de los señores individuos de  la comisión que han fallecido antes de disolverse esta, se dispondrá la colocación de los retratos de tan malogrados jóvenes en las salas de la exposición pública […] ».


Al finalizar la exposición en 1 de de julio de  1866 se pensaba que las muestras expuestas  se devolverían al Museo de Ciencias Naturales. Pero no fue así.  Costó 14 años y muchos oficios conseguir el traslado y aun así muchas de sus piezas fueron distribuidos por varios puntos de nuestra geografía. Una parte, fue remitida a algunas provincias (Barcelona, Sevilla, Santiago, Granada, Valladolid, Salamanca, Cuenca, Valencia, Ávila, Oviedo, Murcia, Badajoz, Guadalajara y Ciudad Real); otra parte, depositado en el Museo de Ciencias Naturales en Madrid.

Los retrasos fueron ocasionados   por  científicos con ínfulas políticas,  aquella política constructiva para promociones propias y esencialmente destructiva para las gestas, trabajo y esfuerzo  de otros.

Se olvidan hechos como los narrados por Paz y Membiela a Laureano Perez Arcas desde Buenos Aires el 15 de enero de 1863:

«[…] En seguida tuve que marchar para buscar alguna casa donde dormir y a las nueve de la noche llegamos a una estancia para la que llevábamos una carta que de nada nos sirvió pues tuvimos que dormir sobre la yerba en la mitad del campo con un terrón de tierra por almohada y sin haber comido más que los restos del almuerzo que llevamos. Al amanecer nos encontramos todos mojados del relente y volvimos al Gran Salto por ver si encontrábamos algo pero no fuimos más felices que el día anterior por lo que a las 8 nos volvimos al pueblo de la Concordia; en el camino era tanta la calor que cada veinte pasos descansaban los caballos y aún así se murieron cuatro en el camino[…] ».

El perfil de los miembros de la  Comisión Científica del Pacífico, es el siguiente[25]:

• Patricio M. Paz y Membiela (1808-1874), marino retirado y coleccionista de especies malacológicas, fue nombrado presidente de la comisión científica. Por esta razón se encargó de la dirección científica y administrativa, hasta julio de 1863, fecha en la que decidió retirarse por las disensiones habidas con los jefes militares de la expedición y las tensiones creadas en el seno de la comisión científica.

• Fernando Amor y Mayor (18221863), catedrático del Instituto de Valladolid, se encargó, como “naturalista” de la expedición, de todo lo concerniente a la geología y la entomología, hasta su fallecimiento en San Francisco de California en 1863.

• Francisco de Paula Martínez y Sáez (1835-1908), ayudante de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, fue nombrado secretario de la Comisión y encargado –como “ayudante naturalista”– de los estudios sobre mamíferos y reptiles acuáticos, peces, crustáceos, anélidos, moluscos y zoófitos. Tras la renuncia de Paz y la muerte de Amor, fue el presidente interino de la comisión científica.

• Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898), ayudante del Museo de Ciencias Naturales, fue –como segundo “ayudante naturalista”– el responsable de las investigaciones sobre aves, mamíferos y reptiles terrestres. Además se destacó en el transcurso de la expedición por sus trabajos en los volcanes andinos y sus observaciones geográficas, antropológicas e históricas.

• Manuel Almagro y Vega (1834-1895), médico militar cubano educado en París, fue el encargado de los estudios etnológicos y antropológicos en la Comisión Científica del Pacífico. Asimismo, fue el redactor de la memoria oficial sobre la expedición que se presentó al ministro de Fomento en 1866, una vez finalizado el viaje.

• Juan Isern y Batlló (1825-1866), ayudante colector del Real Jardín Botánico, fue el responsable de los estudios botánicos. Fue uno de los expedicionarios –junto a Martínez, Jiménez de la Espada y Almagro– que hizo el “Gran Viaje” a través del Amazonas, aventura en la que contrajo una enfermedad incurable que le costó la vida.

• Rafael Castro Ordóñez (?-1865), pintor educado en la Real Academia de San Fernando, que fue nombrado dibujante y fotógrafo de la expedición. Su actividad en el campo de la fotografía, en la que se había formado junto a Charles Clifford –uno de los fotógrafos reales e introductor de técnicas avanzadas en nuestro país– fue intensa y muy valiosa, aunque se vio truncada por su muerte en 1865.



Todos los miembros que sobrevivieron fueron socios fundadores de la Sociedad Española de Historia Natural en 1871, llamándose Real Sociedad Española  de Historia Natural en 1903 tal y como hoy es conocida[26].

D. Patricio Paz y Membiela, fue admitido en el Instituto de Historia  de Francia- Sociedad Geográfica de Francia, en  su sesión  de 15 de mayo de  1868. Presentado por los académicos Sres. De Ville y Jules Duval[27].

ANEXOS
Anexo I. Reglamento de la Comisión

Artículo 1. Son objeto de la Comisión, las investigaciones y observaciones relativas a los diversos ramos de las ciencias naturales, así como la adquisición de ejemplares, copias y dibujos de seres naturales notables que se encuentren en las regiones por donde pase la escuadrilla que la conduce.

Artículo 2. Se compone la Comisión de un Presidente [Paz], un naturalista [Amor], dos ayudantes naturalistas,1° y 2º [Martínez y Jiménez de la Espada], un encargado de los estudios antropológicos y etnográficos [Almagro], un colector botánico [Isern], un disecador [Puig] y un fotógrafo y dibujante [Castro].

Artículo 3. Se divide la Comisión en personal científico y auxiliar. Pertenecen a la 1ª categoría, el Presidente, el naturalista, los ayudantes y el encargado de los estudios antropológicos y etnográficos, y a la 2ª, el colector botánico, el disecador y el fotógrafo-dibujante.

Artículo 4. En  ausencia y enfermedades del Presidente, le sustituirán los demás individuos del personal científico en el orden expresado en el artículo anterior.

Artículo 5. El personal científico constituirá la Junta facultativa de la Comisión, cuyas atribuciones serán las siguientes:

(1) Acordar las expediciones al interior de los países en cuyos puertos fondee la escuadra y cuya duración sea de ocho días.

(2) Decidir qué objetos de los recogidos deben remitirse a la Península.

(3) Examinar y aprobar, si las encontrase conformes, las cuentas que le presente mensualmente el Vocal Secretario de la Comisión.

(4) Informar acerca de la compra de objetos cuyo valor pase de mil pesetas, y en todos los demás asuntos que el Presidente someta a su deliberación.

Artículo 6. Las atribuciones del Presidente son:

(1) Dirigir la parte administrativa de la Comisión.

(2) Poner el V°B° en las cuentas que mensualmente forme el Secretario y que deben presentarse a la Junta.

(3) Poner el V°B° semanalmente en los libros, etc. y en los catálogos de los objetos que se remitan.

 (4) Organizar las expediciones que hayan de durar menos de ocho días, nombrando tanto en éstas como en las de mayor duración el personal que las haya de formar, pudiendo dividir la Comisión en dos ó más grupos según lo exija la naturaleza del terreno y sus productos, el tiempo de que pueda disponerse y las circunstancias especiales de los individuos.

(5) Cuidar de que cada individuo de la Comisión cumpla con los deberes que por el presente reglamento se le im­ponen, amonestándoles privadamente por la primera vez si faltasen a ellos: reprendiéndoles ante la Junta si persis­tiesen en su falta, suspendiéndoles el sueldo hasta por un mes, dando cuenta a la Junta; y si ninguno de estos me­dios fuere suficiente proponer a la misma deje de formar parte de la Comisión el individuo que por díscolo o des­cuidado en el cumplimiento de sus obligaciones perjudi­que el éxito de la Comisión. E11 este caso quedará desem­barcado en el primer punto desde el que pueda fácilmente regresar a la Península. Lo mismo se efectuará con el que por el mal estado de su salud declarasen los médicos de a bordo no ser conveniente continúe la navegación.

Artículo 7. El Secretario de la Comisión tiene las si­guientes obligaciones:

(1) Redactar la correspondencia oficial conforme a las órdenes que reciba del Presidente.

(2) Formar mensualmente la cuenta de gastos justificada con los correspondientes documentos de comprobación, debiendo poner el cónstame los encargados de cada sec­ción en los recibos o documentos que acrediten la com­pra de objetos pertenecientes a su ramo respectivo.
(3) Llevar el libro diario de la Comisión en el que se anotará cuidadosamente los trabajos y operaciones de a bordo, los días de expedición, el resultado de éstas para cada indivi­duo, las órdenes especiales que en cada caso hubiese dado el Presidente, su cumplimiento o falta de él por algún in­dividuo.

(4) Llevar el libro de actas de las sesiones que celebre la Junta facultativa que serán autorizadas con su firma y VB° del Presidente.

Artículo 8. Si bien todos los individuos de la Junta, así como el colector-botánico, están obligados a recoger los objetos de cualquier ramo que sean con tal de que los crean útiles al objeto de la Comisión; cada individuo se ocupará especialmente de los pertenecientes a la sección a que se hallase destinado.

Artículo 9. El Naturalista de la Comisión se ocupará de todos los objetos naturales, y como tarea suya particular en la recolección de insectos y arácnidos, de mine­rales, rocas y fósiles.

Artículo 10. El primer Ayudante Naturalista se encargará especialmente de los mamíferos y reptiles acuáticos, peces, crustáceos, anélidos, moluscos y zoófitos.

Artículo 11. El segundo Ayudante, de las aves, mamí­feros y reptiles terrestres.

Artículo 12. El encargado de los estudios antropológicos y etnográficos de todo cuanto le sea posible en estos objetos.

Artículo 13. El colector-botánico recogerá lo perteneciente al reino vegetal, cuidando de su preparación y conservación.

Artículo 14. El Disecador se ocupará en preparar los objetos que se le entreguen para que puedan conservarse convenientemente; se atendrá a las indicaciones que le hagan los que los hubieren recogido acerca de los órganos que convenga conservar en alcohol o por cualquiera de los diversos medios conocidos, debiendo acompañar a cada objeto un número que corresponda al del catálogo del que lo hubiera adquirido y en el que deban constar las diversas circunstancias de que se hablara después.

 Artículo 15, El Dibujante y fotógrafo tendrá a su cargo representar por los medios que se estimen más convenientes los objetos que le designe el Presidente, el cual dará la preferencia a aquellos que pierden el colorido o se deforman por los medios de conservación que se tengan que emplear; acompañara en sus expediciones a los individuos encargados de recolectar para sacar vistas de montañas, cortes de terrenos, aspecto de la vegetación, etc.

Artículo 16. Cada uno de los individuos encargados de la recolección llevará un libro en que anote las excursiones que haga, en compañía de quien, los objetos que haya recogido, poniendo a continuación de los números las circunstancias dignas de mención, como el nombre vul­gar si lo hubiere, si se hace de él alguna aplicación, su coloración, si fuese fugaz, su abundancia y escasez, la es­tación, etc., etc.

Artículo 17. En estos libros pondrá el VBº el presi­dente semanalmente  si los encontrare conformes con lo que se indique en el libro diario de la Comisión, y en caso contrario, añorará las diferencias que se hallaren.

Artículo 18. Cada uno cuidará de que el embalaje se efectúe de modo que 110 sufran alteración por el trans­porte los objetos que hubiera adquirido, formará el catá­logo de los mismos que firmará y presentará al Presi­dente para que ponga su si los hallare conformes con los  objetos que se remitan.

Artículo 19, Las remesas se efectuarán, cuando sea ne­cesario, de los puncos más convenientes para el trans­porte de los objetos a la Península, dirigiéndolos a este Ministerio.
Vega de Armijo [Ministro de Fomento]
Madrid 9 de julio de  1962.

Anexo II. Carta del presidente de la Comisión al director general de Instrucción Pública[28].

« En el viaje desde Buenas Aires a Santiago de Chile pasando por Córdoba, de que di a V. S. I. conocimiento en comunicación fechada  en Montevideo a 16 de diciembre del año ppdo., hemos empleado tres meses. En tan corto tiempo y mal estación no ha sido posible recoger gran número de objetos, pero sí varias interesantes, que no sólo faltan en nuestros museos, sino también en algunos de los principales de Europa. La necesidad de reunimos a la Escuadra en tiempo oportuno en Valparaíso obligó a seguir un itinerario fijo, y no el más a propósito para conseguir un resultado completamente satisfactorio; pues atravesando las pampas, escasas en animales y plantas, no hemos podido hacer colecciones numerosas mucho más con la rapidez con que se recorrieron terrenos tan extensos. 

Hemos estado expuestos a grandes privaciones en casi todo el viaje: tales como los ataques de los indios, el dormir al sereno sobre el hielo, el no comer caliente, etc. Se ha caminado a caballo o en coche por puntos peligrosos en uno de los que estuve a punto de perecer por haber volcado el carruaje.

La sección que estuvo en el Estrecho de Magallanes y atravesó después el Cabo de Hornos ha dado menos resultado, pues el comandante de la Fragata “Triunfo” D. Enrique Croquer continuó como siempre, dificultando las operaciones de dragar, pescar y desembarcar; llegó hasta el caso de prohibir groseramente la sencilla operación en alta mar de la pesca de curiosas y raras aves, frecuentes sólo en aquellas latitudes.

Por el bien del servicio y para evitar mayores privaciones hemos sufrido siempre las que se nos han impuesto; pero no menos de quejarme, tanto de ellas como del mal trato que personalmente recibí sin fundado motivo, al E. S. Comandante general de la Escuadra en comunicación fecha en Montevideo a 20 de diciembre anterior, que aún no me ha sido contestado.

De un modo bien distinto ha sido recibida la Comisión por los Soberanos, Presidentes, Autoridades y Aficionados a las ciencias de estos países, siendo siempre el objeto de señaladas y aun públicas, demostraciones de aprecio, y facilitando con benevolencia todo lo necesario.

Estoy convencido de la imposibilidad, por las razones expuestas, de poder hacer el más pequeño trabajo a bordo de la fragata en que está embarcada la Comisión. Sólo viviendo en tierra algunas temporadas es como se ha podido hacer las colecciones ya remitidas, y que se remitirán. 

Creo que éstas serían importantes si se dispone el que esta Comisión permanezca algún tiempo en la América meridional, pero no sujeta a los movimientos de una escuadra. De este modo podrían escoger épocas y localidades a propósito; y adquirir relaciones para conseguir objetos raros; así se ha procurado también algunos, debidos a las simpatías que encontró en los nacionales y españoles residentes en los países recorridos.

Estoy dispuesto a hacer el sacrificio de quedarme en estos países con algunos de los individuos de la Comisión, por el tiempo y del modo que el Gobierno de S. M. lo crea conveniente, pero me sería imposible continuar viendo por un lado las privaciones de que somos objeto, y sufriendo por otro un grosero trato, a que no me creo acreedor ».

Anexo III. Nota biográfica acerca de D. Patricio Mª Paz y Membiela.


Redactada por  D. Marcos Jiménez de la Espada y leida en  la Sociedad Española de Historia Natural.

Anales de la Sociedad Española de Historia Natural Actas, vol. IV, pp. 22-29 Sesión del 3 de Marzo de 1875. Presidencia del señor Abeleira

El señor Jiménez de la Espada lee la nota biográfica siguiente acerca de D. Patricio María Paz y Membiela, que pasa a la Comisión de publicación para su inserción en los ANALES.

«Los amigos del que fue Excmo. Sr. D. Patricio María Paz y Membiela me han distinguido con el encargo de dar cumplimiento al acuerdo de nuestra SOCIEDAD, en su sesión de 3 de Diciembre próximo pasado, de rendir a la memoria de ese ilustre socio, uno de sus fundadores, un tributo de consideración y de cariño, consignando en los términos que estos ANALES permiten, algunas noticias de su persona y de aquellos de sus méritos y trabajos que a nuestra ciencia interesen, y por los cuales debamos en nombre de ella mostramos reconocidos. No he dudado un momento en que distinción semejante la debía sólo á la circunstancia de haber viajado como naturalista a las órdenes de dicho señor por tierras y mares americanos, durante los años de 1862 a 65; y como la misma concurre con otras dotes que no poseo, en mi compañero de viaje y consocio el señor D. Francisco de Paula Martínez, le ro- gué me sustituyese en tan triste aunque honrosa tarea; pero su excesiva modestia no ha consentido el que pudiera eximirme de abrir este catálogo de necrologías con la de nuestro jefe.

El Excmo. Sr. D. Patricio María Paz y Membiela nació en el Ferrol el 17 de Marzo de 1808 de una de esas familias donde la prez de los abuelos puede lucir en el pecho de los nietos con las nobles insignias de las órdenes militares. Noble fue también la carrera que emprendió: obtenida la gracia de guardia marina en 8 de Diciembre de 1820, al cabo de dos años de estudios, embarcóse por primera vez en la fragata Aretusa, y de trasbordo en trasbordo, de servicio en servicio y de grado en grado llegaba en Diciembre de 1837 al de teniente de fragata, habiendo navegado en nueve buques de la Armada por el Mediterráneo y por ambos océanos en el desempeño de delicadas comisiones y en peligrosos cruceros o estacionado en los apostaderos y arsenales de la Península, de Manila y de la Habana. Por méritos personales o privilegio de cuna obtuvo además en diferentes fechas la merced de un hábito de Calatrava, los honores de secretario de S. M., la gracia de capitán de navío honorario con uso de uniforme, la cruz de distinción de la Marina y la de gracia de la Sacra orden.

No sé cómo hay oficial de marina que no sea naturalista, o cuando menos curioso de las cosas naturales o amigo de familiarizarse con ellas. La selecta instrucción que en su colegio reciben, y los ejemplos de que abundan las gloriosas tradiciones de su cuerpo deben favorecer al eficaz estímulo producido por las grandes escenas del mar y de la tierra, despertando en su ánimo irresistible deseo de conocer de cerca el ornato de ella y los actores, que bajo aspectos tan diversos y siempre tan admirables y atractivos se les brindan en remotas y opuestas regiones, a veces inexploradas, primero a la fácil y amena observación de su índole, afinidades y costumbres, y luego al detenido estudio de sus formas, propio como ninguno para aliviar la soledad de los mares y entretener los ocios de interminables travesías. Ya que no le muevan los inmensos beneficios que con poco trabajo puede prestar a la más provechosa de las ciencias, dando fama a su nombre, al propio tiempo, y mayor lustre a su clase.

La pasión, la locura (porque ese carácter toma a menudo entre nosotros la dedicación exclusiva y constante de nuestras facultades a determinados objetos), la fructuosa y laudable locura del señor Paz y Membiela por las conchas, el ramo de la zoología que se lleva tras sí mayor número de aficionados y entusiastas, tuvo origen sin duda en las costas que visitó por los primeros años de su carrera, y que más tarde vigilaba y recorría, cuando, abandonando la inquieta y azarosa profesión del marino por otra más sedentaria, pasaba a desempeñar la segunda comandancia del resguardo de Matanzas, en 1837, y años después, 1853, la primera de carabineros de la provincia de la Habana. 

Hacia los de 1839, lo que era acaso todavía mera afición favorita hubo de crecer y metodizarse merced a los consejos y el ejemplo de los cubanos D. Felipe Poey, eminente naturalista, y D. Nicolás Gutiérrez, entendido conquiliólogo, con quienes hizo conocimiento y amistad en esa época, y frecuentes excursiones por el litoral de la isla de Cuba y su inmediata de Pinos; y desde entonces y por espacio de 35 años hasta muy poco antes de su muerte, acaecida el 11 de Enero de 1874, dedicóse sin tregua a reunir la colección que hoy se guarda y se admira en nuestro Museo de Ciencias, una de las más notables de Europa; tesoro malacológico de 40.000 ejemplares, en su mayoría perfectamente conservados, que representan cerca de 12.000 entre especies y variedades; donde apenas falta alguno que otro género de los conocidos; abundan en especies los más raros, como el Ancillaria, que cuenta 21, el Monoceros 11, 3 el Lingula y 2 el Monecondylaea; son numerosísimas en otros, como el género Voluta, del que existen 60 especies, 100 del Murex, 120 del Cypraea, 135 del Mitra, cerca de 200 del Conus, y más de 300 del Unió; y donde en¬tre los 100 y más ejemplares preciosos de sus 40.000 sobresalen las Cypraea aurora Sol., exusta Gray, y umbilicata Sow.; la Mactra triangularis Lam., la Voluta Rossiniana Bern., cymbiola Chemn., y costata Swains.; el Conus zonatus Brug., y el characteristicus Chemn., que por su tamaño, cuatro veces mayor que el ordinario, fue tasado en el mercado de París en 1.000 pesetas.

La historia de esta colección lo es en mucha parte de la vida del hombre distinguido y a la par modesto, que logró reuniría llevado del intento generoso de extender el estudio de sus animales predilectos, facilitando sobre ellos a las personas de ciencia el mayor número posible de datos. Porque tanta riqueza, no solamente se juntó, como decirse suele, a fuerza de dinero, del cual, sin ser muy rico, no carecía por fortuna el señor Paz y Membiela; allegóse con el trato y correspondencia continuos de acreditados naturalistas, profesores o comerciantes, como los señores Verreaux, Damon, Bemardi, Batalha y otros; con la prudente economía del que conoce el precio de los objetos que desea; con el acierto en preferir a los prudente economía del que conoce el precio de los objetos que desea; con el acierto en preferir a los más valiosos por su procedencia, como los materiales que sirvieron al señor Bemardi para redactar sus monografías de los géneros Marginella y Galathea, y la colección de moluscos terrestres y fluviátiles formada por el señor Poey, la más completa que se conoce de la isla de Cuba, compradas á los mismos autores; con la actividad que suponen siete viajes desde Cuba o España a los Estados Unidos, tres o cuatro por la América del Sur, y muchos por nuestra Península y por el resto de Europa; y más que todo eso, con las propias manos del dueño, por cierto no menos avezadas a buscar y a encontrar lo que buscaban, que a disponerlo con toda la comodidad, ingenio y gala que el estudio, conservación y lucimiento de las colecciones de objetos naturales piden. 

Era el señor Paz y Membiela un colector de primer orden, experto, infatigable, paciente; dotado de una vista tan perspicaz y de un acierto tan seguro que rayaban en instinto. Nadie descubría un caracol, un insecto u otro animal cualquiera donde él no los hallaba; porque bueno es advertir que su tino y su práctica no las utilizaba solamente en la recolección de conchas; la entomología y herpetología españolas y americanas le deben más de un reptil o de un insecto raro o curioso. Y estas sobresalientes cualidades eran tanto y más de admirar en nuestro malogrado socio, cuanto que no constituían para él un oficio o medio de lucro, ni descuidaba por ellas la vida, porte y costumbres de un cumplido caballero y hombre de mundo. Causaba verdadero asombro y al mismo tiempo complacencia y en esto puedo hablar como testigo— verle durante el día a los rayos del sol de las Américas, o sufriendo las recias turbonadas de aquel cielo, escudriñar enmarañados matorrales, registrar extensas playas o peladas rocas, o trepar a los picos escarpados, y por la noche haciéndose notar en las tertulias y otras reuniones sociales, por sus maneras distinguidas y afables, amena conversación, buen humor y pulido gracejo, a los que, lejos de estorbar, daba más ocasiones de mostrarse la falta de oído de que en sus últimos años padecía.

Ya por los de 1862, el señor Paz, que se había retirado del servicio para entregarse de lleno a su pasión favorita, gozaba de envidiable y justa reputación entre los naturalistas españoles y extranjeros, y el fruto material de sus trabajos, sus bellísimas conchas, expuestas aquí en Madrid y en su casa con tanta inteligencia como gusto a los ojos conocedores o profanos, habíase, por decirlo así, popularizado entre unos y otros; de suerte, que cuando el Gobierno de S. M. determinó que viajase en los buques destinados al Pacífico una comisión de naturalistas, no dudó en confiarle la presidencia de ella, para la cual le señalaban, además de su edad y de sus méritos personales y de su conocimiento de los países americanos, sus honores de capitán de navío, circunstancia que no podía por menos de ser lazo de unión y prenda de armonía entre los comisionados científicos y el jefe y comandantes de la escuadra. Aceptóle el señor Paz lleno de júbilo y mostrándose tan reconocido y obligado por su honroso cargo, que quiso ir y fué a desempeñarle sin otro sueldo que su retiro de 3.700 pesos anuales, y sin más emolumentos que el rancho correspondiente a su categoría y una parte de los moluscos que durante la expedición se recogiesen.

Entonces visitó la isla de Tenerife, la desolada de San Vicente de Caboverde, las provincias de Bahía, Río Janeiro, Santa Catarina y Río Grande do Sul en el imperio brasileño, Montevideo y Buenos Aires, sus pampas y la cordillera camino de Chile, la capital de esa república, Valparaiso, la costa al Norte de ese puerto y parte de las del Perú, lugares todos para él desconocidos; pasó a Lima, y aunque allí tuvo que separarse de la escuadra, solo y por su cuenta continuó a Payta, Guayaquil y Santa Elena, entró a Quito, tomó á Guayaquil, trasladóse a Panamá, y atravesando el Istmo hizo su regreso á Europa por la vía de los Estados Unidos. Premio de sus trabajos fueron la gran cruz de Isabel la Católica que el Gobierno le concedió a 15 de Octubre de 1867 y un gran número de especies de moluscos raros o   Octubre de 1867 y un gran número de especies de moluscos raros o  que aumentaron considerablemente las de su colección, y cuya abundancia de ejemplares facilitó con ventajas el cambio por otros más frescos y perfectos, los cuales llegaron a ser tantos como para constituir una de las excelencias de aquella, y que junto con las otras que tiene la han hecho digna de la consulta y el estudio de eminentes conquiliólogos. Nuestro consocio el señor D. Joaquin Gonzalez Hidalgo, célebre ya en España y en Europa por sus escritos malacológicos, ha clasificado la mayoría de las especies y descrito muchas de ellas; el Dr. Lea, de Nueva York, hoy día primera autoridad en la materia, ha encontrado en los moluscos de agua dulce materiales abundantes para sus publicaciones, según puede verse en los Anales del Liceo Neoyorkino de estos últimos años.

Esta es la colección Paz y Membiela, y esta la manera cómo llegó á reuniría; pero me falta decir que el poseerla nuestro Museo de Ciencias se debe a un rasgo de patriotismo de su antiguo dueño. Proponíase presentarla en la Exposición de Viena y enajenarla en aquel concurrido mercado; rogáronle sus amigos que no lo hiciese; la Junta de profesores de dicho establecimiento al tener noticia del caso, comisionó a dos de sus miembros para que conferenciasen con el señor Paz y averiguasen la cantidad en que pensaba enajenarla; los apuros de nuestro Tesoro no permitían que se le ofreciese todo su valor; y el señor Paz la cedió por seis mil duros, cuando por sólo la colección de Cuba y mucho antes de que la aumentase con otra infinidad de especies, le ofrecieron la mitad de esa suma. ¡Para nada tuvo en cuenta el precio de sus fatigas, de sus desvelos, de los riesgos con que la juntó! ¿Pero ellos, por ventura, no le recordaban los mejores momentos de su vida?

Obra que de ese modo lleva impresos en su conjunto y pormenores, el carácter, acciones y sentimientos de un hombre dedicado a un fin útil y honroso, es la más bella que pudiera legarnos, vale tanto como un libro, y supera a otras muchas que publica la vanidad con el renombre; ella muestra, además, que a la ciencia de la naturaleza, a la ciencia que nosotros amamos no se la sirve, cultiva y adelanta únicamente con las dotes de una elevada inteligencia o de un profundo saber; el que con fe y actividad perseverantes y sin huir trabajos, peligros ni dispendios registra mar y tierra descubriendo seres nuevos y curiosos para ponerlos modesta y generosamente al alcance de las personas consagradas a su estudio, ése hace más por ella que el mero especulador de gabinete, que se fatiga y consume en busca de sistemas imposibles o prematuros.»





[1] Rearte, J.L. (2009): « Revista de Filología Alemana  », v. I, pp. 225-237.

[2] Lopez-Ocón, L. y Pérez-Montes, C.M.(2000): « Marcos Jimenez de la Espada ( 1831-1898), Madrid: CSIC, p. 26.

[3] Como dice Ryal Miller,  en « Por la ciencia y por la gloria nacional », Serbal, Madrid, 1983, p.24, varios de los científicos invitados a participar en la Comisión renunciaron por motivos familiares, por problemas de salud o por la imposibilidad de abandonar su trabajo o su puesto en España.

[4] Von Goethe, J.W. « Werther ».

[5]  Martinez y Sáez, F.P. (1994): « Diario de D. Francisco de Paula Martínez y Sáez. Miembro de la Comisión Científica del Pacífico (1882-1885). Edición crítica de  Ángeles Calatayud Arinero», Madrid: CSIC, pp. 37, nota 5 in fine.

[6] Virgilio,(2010): « Obras completas » , Madrid: Cátedra, p. 783.

[7] Puig-Samper , M.A. (1988): «  Crónica de una expedición romántica al Nuevo Mundo. La Comisión Científica del Pacífico (1862-1866) » , Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC.

[8] http://www.pacifico.csic.es/retratos/expedicionario.htm

[9] Ryal Miller,  en « Por la ciencia y por la gloria nacional », cit.,  p.248.

[10] Vid. Anexo I.

[11] Véase la « Correspondencia de D Laureano Pérez Arcas. Carta fechada en Valparaíso en 18 de abril de  1864, AMNCNM, citada en  Martinez y Sáez, F.P.(1994) : « Diario de D. Francisco de Paula Martínez y Sáez. Miembro de la Comisión Científica del Pacífico (1882-1885) . Edición crítica de  Ángeles Calatayud Arinero», Madrid: CSIC, pp. 136-7:

« […] Ha hecho que Pinzón nos haya, como él dice, sitiado por hambre, para echar a un viejo y disolver (no sé con qué autorización) el joven resto de la Comisión. ¿Será posible que ésta tenga que resignarse, como aquel a sufrir semejantes tropelías? ¿A quién se dará la razón? ¿Hasta cuándo comprenderán en ésa lo que es semejante hombre? […] Es imposible hacer más barbaridades en todo, sin embargo se aprueba por el gobierno su conducta y lo que es  más sorprendente, nos tocará  tambien a nosotros ».

Es ilustrativa la mención que realiza de   Paz y Membiela cuando presenta la dimisión como presidente de la Comisión:

« […] Yo creo haberme portado bien con Paz y Membiela y contribuido no poco a parear la disensión iniciada con tanta villanía por el general y comandante. Al tomar D. Patricio varias determinaciones últimamente hemos suplicado todos a él no se marchase; pero al estado a que han llegado las cosas creemos decoroso, como él primero creyó, hiciese su dimisión y no marchase a Madrid, como estaba empeñado en hacer, mal aconsejado por los marinos, de los que aún se fía; es tal la disensión que hay entre ellos que por hacerse daño unos a otros no repararán en los medios... » .

[12] Vid. Anexo II. Carta dirigida por el presidente de la Comisión al  director general de Instrucción Pública el 1 de junio de  1863.
  
[13] Secretario honorario de SMC Isabel II y gentilhombre de cámara con ejercicio.

Hermano de D Angel Paz y Membiela, jefe de la casa real del infante Francisco de Paula Antonio de Borbón, hermano de SMC Fernando  VII, padre del rey consorte  y suegro de la reina Isabel II.

[14] Comandante, Capitán de Navío D. Manuel de la Rigada y Leal.

[15] Comandante, Capitán de Navío D. Enrique Cróquer y Pavía.

[16] Comandante, Teniente de Navío D. Evaristo Casariego y García.

[17] Aguado Bleye, P. y Alcázar Molina, C. (1964): « Manual de Historia de España », t. III, Madrid: Espasa Calpe, p. 685.

[18] Aguado Bleye, P. y Alcázar Molina, C. (1964): « Manual de Historia de España », t. III, cit., pp. 688-9.

[19] Menchén, M.T. (1983): «La neutralidad española en la guerra de Crimea » , Cuadernos de Historia Moderna y Contemporánea, num.4.

[20] Coffin, J.G. y Stacey, R.C.(2012) : «Breve historia de Occidente. Las civilizaciones y las culturas » , Barcelona: Planeta.

Muchas de estas potencias comenzaron en el s. XIX una espiral colonialista tanto en África como en Asia.

[21] Comín, F. y Hernández, M. (2013): « Crisis económicas en España 1300-2012 », Madrid: Alianza Editorial, p. 191.

[22] Shubert, A. (1990): « Historia social de España (1800-1990)», Madrid: Nerea.

[23] Vid.:  http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_hispano-sudamericana

[24] Vid. Ryal Miller,  en « Por la ciencia y por la gloria nacional », cit, p.241,

[25] Web de la Sociedad Geográfica Española

http://www.sge.org/sociedad-geografica-espanola/publicaciones/boletines/numeros-publicados/boletin-no-22/ciencia-y-nacion-la-comision-cientifica-del-pacifico.html

[26] http://147.96.59.157/rsehn/index.php?d=0

[27] Boletín de la Sociedad Geográfica de Francia, 1868, num.1.

[28] Puig-Samper , M.A. (1988): «  Crónica de una expedición romántica al Nuevo Mundo. La Comisión Científica del Pacífico (1862-1866) » , Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC.



Imágenes:

http://www.mncn.csic.es/Menu/Elmuseo/Eledificio/seccion=1178&idioma=es_ES.do

http://www.mncn.csic.es/Menu/Elmuseo/Presentacinehistoria_Segunda_Epoca/seccion=1177&idioma=es_ES&id=2010062816290001&activo=11.do

http://www.mundo-geo.es/imagen/comision-cientifica-del-pacifico

http://www.murciaenclaveambiental.es/tercer-trimestre-2005.html?idSe=37

http://www.ashbreure.nl/snailblog/files/tag-biohistory.html

http://www.cienciatk.csic.es/Videos/LA+COMISION+CIENTIFICA+DEL+PACIFICO+III+(1862-1866)+DE+LA+EXPEDICION+AL+CIBERESPACIO%3A+LOS+EXPEDICIONARIOS_3214.html

http://www.cienciatk.csic.es/Videos/LA+COMISION+CIENTIFICA+DEL+PACIFICO+II+%281862-1866%29+DE+LA+EXPEDICION+AL+CIBERESPACIO%3A+LAS+COLECCIONES_2948.html

Hidalgo, G. (1869) [1872]. Moluscos del Viaje al Pacifico. Primera parte: terrestres Univalvos. Madrid:. Miguel Ginesta