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martes, 27 de mayo de 2014

En el ímpetu del desafío ( 2 min.)

En el ímpetu del desafío ( 2 min.)
Por

Juan B. Lorenzo de Membiela

Séneca en sus viajes portaba únicamente las mismas cosas que conservaría de sufrir un naufragio. Básicamente una estera para dormir  y dos esclavos. Séneca,  además de filósofo estoico, fue una de las primeras fortunas de Roma. En parte por su talento y en parte por haber sido tutor del emperador Nerón (Taleb, 2013:197) y en parte por su estatus social ya que pertenecía  a la clase social de los equites (orden ecuestre).  

La posible contradicción entre su nivel social y riqueza con la austeridad de su  filosofía era rebatida por su razonamiento: no debía buscarse  la riqueza pero tampoco rechazarla.

La historia quiso que la compatibilidad riqueza y ascetismo no fueran  contradictorias sino complementarias. Y concretamente valorando que la riqueza no era un fin sino un medio. En donde más claramente se observa esta absoluta compatibilidad y hasta  su complicidad, es en el protestantismo. Para Weber, en su obra  «La ética protestante y el espíritu del capitalismo », la riqueza es señal de predestinación a la salvación.

El estoicismo como indiferencia ante los acontecimientos que se suceden   es ante todo una educación de las emociones. La máxima: Nihil perditi (Nada he perdido),  es el origen y fin de esta escuela de pensamiento que ha irradiado su mensaje a lo largo de siglos.

Taleb, en su libro «Antifrágil » (2013), refiere a una armonía del cosmos recogida por el estoicismo. Esa fuerza, en realidad, es un devenir caótico que tambien golpea a los hombres por medio de la fortuna.  

Contra lo inesperado de los acontecimientos, y contra la fuerza destructiva de lo súbito, la indiferencia  del hombre.

 De este modo se alcanza una total solidez de juicio frente a la adversidad  que desprecia cualquier intención y deseo.

El método empleado por los estoicos para contrarrestar esa disonancia es  asumir cualquier  pérdida  y cualquier  derrota  para esquivar  el   impacto emocional nocivo. No sería aplicable aquella máxima castellana: de derrota en derrota hasta la victoria final. Si no más bien la contraria, quizás más realista: de  derrota en derrota hasta la derrota final. 

Lo que exceda de todo ello, se agregara por añadidura, por una justicia que se ha demorado, por un fatum que cambia de rumbo, por una clemencia que solamente nace en  los espíritus libres.

Es frase empleada por Séneca en su obra Cuestiones naturales: «Desprecia la muerte y despreciarás a la vez todo lo que lleva a la muerte; guerras, naufragios, mordedura de fieras, derrumbamiento de edificios […]».

En esta reflexión encontramos el fundamento de la resiliencia, concepto etológico aplicado a los procesos sociales y que es definida como un proceso dinámico que tiene como resultado la adaptación positiva en contextos de gran adversidad (Luthar, Cicchetti y Becker, 2000). 

Es decir, la capacidad de asumir  infortunios sin merma emocional o con la capacidad de rehacerse y mantener  sus objetivos fijados.  Es un valor intangible muy apreciado en las organizaciones  y en las personas porque permite afrontar desafíos cuyos resultados no están garantizados  a priori.

Si para Bertrand Rusell: «Los aventureros disfrutan con los naufragios, los motines, los terremotos, los incendios y toda clase de experiencias desagradables, siempre que no lleguen al extremo de perjudicar gravemente su salud», la resiliencia mantendría  el ímpetu del desafío más allá de  una debilidad  propiamente humana.




jueves, 22 de mayo de 2014

candidatura de Salesianos de Don Bosco para el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2014.

A la Atención de la Fundación Príncipe de Asturias

Asunto: Apoyo a la candidatura de Salesianos de Don Bosco para el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2014.


Fundación Príncipe de Asturias
Calle General Yagüe, 2.
33004 Oviedo-España. 


Muy Sres. míos:

He tenido conocimiento de la presentación de la candidatura de los Salesianos de Don Bosco (SDB) al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2014. Con esta carta, quiero manifestar mi adhesión y apoyo expreso a la concesión de dicho premio a los Salesianos de Don Bosco.

Esta institución, fundada en 1859 en Italia, trabaja por la promoción y educación de los jóvenes en 132 países. Destaca por su dedicación a la educación de los jóvenes, especialmente los más necesitados, tanto en educación formal como no formal, con colegios, casas de acogida, centros juveniles, centros de promoción e inserción social de jóvenes.

Especialmente quiero destacar la labor en el campo de la Formación Profesional en la que considero a los Salesianos de Don Bosco referente en este terreno, trabajando por la inserción laboral de los jóvenes mediante centros de formación profesional reglada y otras iniciativas a favor del empleo y formación de los jóvenes en todos los países donde trabajan.

Junto a estas iniciativas, los Salesianos de Don Bosco están desplegando una intensa labor a favor de los jóvenes en condiciones difíciles movilizando personas, recursos e instituciones a nivel internacional para dar respuesta a algunas situaciones como, en los últimos años, el compromiso en la reconstrucción de Haití, el trabajo con niños soldados o en campos de refugiados en África, acogida y promoción de jóvenes inmigrantes en Europa, o con niños y jóvenes de la calle en numerosos países de América Latina.

La concesión del premio Príncipe de Asturias de la Concordia contribuiría a reconocer la labor que realiza esta institución en todo el mundo, y me parece justo que se reconozcan los méritos de esta candidatura y le sea concedido este galardón.

Agradeciéndoles de antemano su atención, reciban un cordial saludo.



(Firma)

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Institución que representa:
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Fecha:   

martes, 20 de mayo de 2014

Gremios, calidad, empresa , quiebra y libertad del hombre ( 2 min.)

Gremios,  calidad, empresa , quiebra y libertad ( 2 min.)

Por
Juan B. Lorenzo de Membiela


Un gremio era una corporación formada por los maestros, oficiales y aprendices de una misma profesión u oficio, regida por ordenanzas o estatutos especiales (Fernandez-Ríos, 1999:488).Se manifiestan en toda la europa medieval.

 Tiene su origen en las agrupaciones vecinales de socorro mutuo de carácter religioso[1]. Vigentes en España desde los Reyes Católicos hasta principios del s. XIX[2] .




Sus siglos de vida dejaron una cultura que aun hoy pervive en algunos aspectos si bien de carácter testimonial. Sobre todo en aquellos más antiguos y sobre todo en aquellos que hoy más admiración generan por lo que tienen de individualismo frente a lo informe de un igualitarismo sin adjetivos.

El gremio controlaba el oficio en sus aspectos técnico, productivo, laboral y organizativo. Eran titulares de  competencias legislativas, ejecutivas, policiales y judiciales. Potestades reconocidas por los concejos o ayuntamientos[3]  y posteriormente  por la monarquía directamente. 

Era ésta la facultad  más esencial pues el pueblo llano apenas podía acceder a la jurisdicción ordinaria, resolviendo sus controversias tribunales constituidos por el gremio en cada municipio   (Gonzalez Arce, 2008)[4].

El acceso  era restringido, poseía una estructura muy  jerarquizada, se impartía   un  periodo de aprendizaje y obligaba a  la práctica del oficio por un tiempo inexcusable, notas, todas ellas, que garantizaban un producto de calidad. Una excelencia  del producto perseguida  por toda la corporación pues de ello dependía su prestigio y por ello su trabajo y  subsistencia.

En el gremio de albañiles (Teran, 1998)[5], para  iniciarse en el secreto y conocimiento del oficio, se ingresaba  como aprendiz mediante contrato entre el aspirante o sus familiares con el maestro ante notario.  El maestro se comprometía a enseñarle el oficio así de traza como de obra, mostrándole las técnicas para su ejecución. 

El tiempo de aprendizaje lo fijaban las ordenanzas de cada población aunque, en atención a la extensión de las enseñanzas, alcanzaba normalmente  los 9 años.

El maestro proporcionaba  casa y habitación así como herramientas para el trabajo. 

El alumno debía  asistir diariamente, obedecer   todo lo que le mandara tanto para el oficio como para otra actividad, guardarle  fidelidad y cuidar la herramienta. 

En España era frecuente la denominación de « criado », extensible incluso a los familiares del maestro.

Adquirido el conocimiento, el maestro le expedía la «Carta de aprendizaje», registrándose en el libro de Oficiales, hecho que constituía la adquisición del segundo grado de la jerarquía gremial.

El examen de  maestro se realizaba en el taller ante las autoridades: alarifes o veedores- y el  Cabildo o Ayuntamiento de la ciudad o villa. Constaba de una parte teórica debiendo explicar mediante cálculos los secretos del oficio y otra práctica realizada  en obra.

En todas  las ordenanzas gremiales  concurría una voluntad de no admitir a aquel que hubiera incurrido  en quiebra. De ahí, la  responsabilidad con que intervenían en operaciones mercantiles. De ahí, tambien, el valor de la palabra dada[6].

El declive no fue por falta de calidad en sus actividades, más bien por una incipiente economía de mercado que abolió   el  proteccionismo real  junto a una competitividad internacional que afectó el precio de los productos y servicios.

Desde hace tiempo los jóvenes ya no aprenden  del caballero o del maestro sino que son excluidos de la sociedad y de los círculos de adultos, con sus contrastes y  su especial gramática, durante un  tiempo[7] más dilatado.

 Ya no son preparados para la vida en su amplio concepto  sino de forma indirecta a través de universidades y escuelas. Cabría  plantearse qué enseñanza sería  la más productiva técnica y personalmente.

Pregunta que formulo alejado del imperativo de ideologías que someten a los hombres a la tiranía del pensamiento unívoco rechazando toda libertad de debate, todo matiz de divergencia.

Un sovietismo en estado puro y latente que monopoliza una  libertad cuyo fin es la muerte de la dignidad en la cultura occidental. Que es un  capital infungible cuyos efectos contra lo totalitario son todavía insondables.

Para Ortega, el gremio  ahogaba  al hombre[8]. Porta en el vestido la indumentaria de su oficio. Toda su existencia está supeditada a la corporación.

 Si. Hoy ya no existen gremios pero existen otros mecanismos que aplican una misma jerarquización, un mismo nepotismo, una misma disciplina, férrea, fría, mecánica

Quizás sea la falta de amabilidad o  tacto, el vacío de una cortesía desterrada de toda formación que hace al hombre menos humano  y más mamífero. O quizás sea la lucha entre las élites y el anhelo siempre  presente de quienes desean expresar una  libertad divergente.  Conflicto que se pierde en los siglos  de  las ambiciones personales.

Un apunte solamente  como ejemplo de obra gremial: el colegio de Nuestra Señora de la Antigua, en Monforte de Lemos, levantado por el hermano del VII conde de Lemos, De Castro y Andrade,  conocido como «El pequeño Escorial »,  y especialmente su escalinata sin soporte, obra que aún hoy despierta admiración por su ingeniosa técnica, en muchos aspectos desconocida todavía.





[1] Ruiz, Jusue, T. (1994): «Las cartas de hermandad en España », A. H. D. E., v. XV, pp. 387 y ss .

[2] Jovellanos en su informe «El libre ejercicio de las artes», de 9 de noviembre de 1785, sienta unas premisas que guían el desarrollo de su pensamiento: la absoluta libertad de trabajar en cualquier arte, sin sujeci6n a gremio; el derecho natural a trabajar que no pueden limitar leyes gremiales que vulneren esta libertad; «los gremios son un mal» que avala la costumbre, la prescripción y la autoridad... Frente a ello, la libertad estimula la creación de nuevas artes y el perfeccionamiento de ]as antiguas; fija la relación adecuada entre la producción y el consumo y, al fin, como la razón y la experiencia demostraban, ayuda a fortalecer el sistema industrial de un país, sabiendo que «el comercio, la industria  son y probablemente serán por largo tiempo los  únicos apoyos de la preponderancia del Estado[…]».

[3] Pues desempeñaban funciones judiciales como reducto histórico del poder real en la figura del corregidor.

[4] Gonzalez Arce J.D. (2008): «La organización de la producción textil y las corporaciones gremiales en las ordenanzas generales de paños castellanas (1494-1511) », Anuario de Estudios Medioevales, 38/2, pp. 707-759.

[5] Terán Bonilla, J.A. (1998): «Los gremios de albañiles en España y Nueva España », IMAFRONTEN, pp. 341-56.

[6] Gómez Rojo, M.E. (2008) :«Las implicaciones jurídicas, sociales y económicas de los cinco gremios mayores de Madrid como institución mercantil y financiera en la España del siglo XVIII», Revista de Estudios Histórico-Jurídicos XXX, 2008, pp. 187 – 214

[7] Elias, N. (1991): « La sociedad de los individuos », Barcelona: Península.

[8] Ortega y Gasset, J., (2012):«En torno a Galileo », Madrid: Tecnos.

Fotos:

http//www.escolapiosmonforte.com/historia%20del%20colegio/historia.htm

http://viajar08.blogspot.com.es/2012/09/monforte-de-lemos.html

http://blogs.ua.es/historiaalcoy/tag/gremios/


http://lascronicasdethot.blogspot.com.es/2012/03/los-gremios-de-barcelona.html


martes, 6 de mayo de 2014

Protagonista en algo que no es nuestro.«Y en ese instante experimentamos el hálito frio de una soledad que nos cuartea como mercancía frágil». ( 2 min.)

Protagonista en algo que no es nuestro ( 2 min.)
por
Juan B. Lorenzo de Membiela


«Y en ese instante experimentamos el hálito  frio de una soledad que nos cuartea como mercancía frágil».

Las expectativas creadas a la persona en plena postmodernidad fueron grandes.

Tras la II Guerra Mundial y aprovechando la salida de la crisis de 1929,  se concibe   en  Europa el germen del   Estado protector. Se  garantizarán  mínimos vitales para evitar la desprotección de la persona ante circunstancias adversas procurando disipar la angustia de la incertidumbre.

De aquella idea original hasta finales del siglo XX y concretamente hasta la crisis de 2007, se fueron ensanchando las garantías, los derechos, las prerrogativas, las libertades...Cualquier cosa era poca para lograr más  bienestar y más legitimación democrática por medio de votos. Era lo democrático y puede ser lo democrático.

Surge  de la autosuficiencia del hombre  un   relativismo construido sobre su  hedonismo. Que sin embargo no era solidario, sino excluyente y gregario. Y de una  confianza sincera  para una convivencia social,  fructífera para todos, se tornó opaca a merced de egoísmos, los de siempre, en todo tiempo y espacio.

De aquellos  tiempos de derechos, en continua progresión  y de aquellos tiempos de obligaciones, en continua destrucción, surgen los momentos del gran cambio.  Porque el Estado  se vio incapaz de sostener una estructura protectora que lo abocaban a la insolvencia. Y en ese instante experimentamos el hálito  frio de una soledad que nos cuartea como mercancía frágil.

De esos felices años, de aquellas circunstancias  tan propicias, surgió el gran drama. Al hombre como  espectador  le pareció insuficiente leer aventuras de otros y sintió la necesidad de tornarse protagonista  de toda novela, historia, amor, poesía, expedición, combate y travesía. No era suficiente admirar a extraños y se permitió, en un acto de suprema soberbia, erigirse en  el centro de toda  trama.

Y de todo ello  crecieron consecuencias. Porque no todos tienen la generosidad  para ser héroe en  circunstancias adversas, ni amante frente al arcano del amor, ni el coraje para surcar expediciones  ignotas, ni el don de gentes para ser elegante   en tramas  viajeras, ni el saber estar en  un cosmopolitismo…de novela, ni el sutil y profundo lirismo de lo poético. Tampoco  el gesto sincero de quien brinda la mano ofreciendo ayuda .Aunque tampoco la canalla impostura del cínico, deseo creer.

Puede pasar la vida y, pasa con frecuencia,  sin más afán que aferrarse a lo cotidiano. Y es en lo cotidiano en donde o pueden fraguarse combates, aventuras, amores, derrotas, travesías y poesías de elevado espíritu, aun lo domestico del escenario. O puede contemplarse el tiempo fugaz como testigo  ajeno a toda circunstancia que tambien esto encierra grandes  dosis de bravura.

Me viene en este momento aquel poema,«Adelfos», de Manuel Machado, y de él, estas dos  estrofas:


«[…]En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos...,
y la rosa simbólica de mi única pasión
es una flor que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.

Besos, ¡pero no darlos! Gloria..., ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga para mí!
Que las olas me traigan y las olas me lleven,
y que jamás me obliguen el camino a elegir[…]».